Han llegado un poco tarde, pero nada que no esté planeado – ¿Ustedes ya lo sabían? – preguntó Francesca - ¡Claro que lo sabíamos! Nosotros TODO lo sabemos muchachita – gruñó Puno al escuchar tal incoherencia, por lo que Francesca simplemente bajó su mirada y evitó hablar nuevamente – Bueno pero qué gruñón te has vuelto Puno, el tiempo sí que ahueca tus raíces – dijo Medis al ver los desplantes de aquel viejo árbol – esperen un poco – dijo Khe mientras comenzaba a sacudirse. Sus hojas se movían de un lado a otro hasta que un mono cayó al suelo. El mono sobaba su espalda y de una bolsa frontal, cual canguro, sacó un pedazo de papel y se lo dio a Khe, después volvió a trepar por él y se escondió entre sus ramas. – miren, esto fue lo que encontramos – dijo mientras daba el papel a Woo y este lo leyó en voz alta – “DEL BOSQUE QUE VEA PUNTO DEL BLANCO SERÁN SU CAMINO” – se quedaron en silencio pensando lo que podría significar, pero nadie podía comprender una sola palabra. Mientras pensaban en el posible significado de aquel recado, un rayo de luz paso por en cima de todos dejando una estela brillante en el cielo negro. – la primer llamada – dijo Medis – ¿y eso qué significa? – preguntó Sebastian – Significa que es tiempo de ir hacia Kátompo, ahí deberán encontrarse con Crón y él les dará el poder lunar cuya sabiduría los guiará para encontrar al atrapasueños – Dijo Khe mientras en el centro de los tres árboles la tierra formaba una espiral marcada en una puerta sobre el suelo, misma que se abría, dejando ver unas escaleras que bajaban. – Vayan y llegarán al bosque Transmuto, ahí deberán encontrarse con los Odor quienes los llevarán al puerto y zarparán a las tierras de Kátompo – Dijo Medis mientras Francesca, Sebastian, Woo y Dozeld se preparaban para bajar por las escaleras. – Pero tengan cuidado, el bosque no le gusta permanecer quieto, su mejor forma de ubicarse será con el murmullo de los manolianos- Dijo Khe mientras los cuatro entraban en la penumbra de aquella puerta. De repente la puerta se cerró y los cuatro seguían bajando las interminables escaleras, Dozeld alzó la mirada donde estaba la puerta pero en su lugar vio nubes color azul índigo. Mientras bajaban pudieron sentir un pequeño temblor que sacudía un poco las escaleras al mismo tiempo que veían cómo los árboles de aquél bosque se levantaban y corrían de un lugar a otro cambiando su posición y enterrándose nuevamente en la tierra. Después de bajar tantas escaleras por fin pudieron pisar tierra firme – Ahora debemos buscar a los Odor – Dijo Woo, lo que provocó que entre la oscuridad del bosque se escucharan murmullos – Esos deben ser los murmullos que dijo Khe creo vamos entonces por buen camino – Dijo Francesca mientras seguían caminando – Vamos rata, ¡te reto! – dijo Sebastian a Dozeld - ¿tú? ¿retarme a mí? ¿En qué podrías tú pelele ganarme a mí? – dijo Dozeld con un tono de burla – ¡pues fácil! Mis piernas son largas y tus patas apenas si se ven, pero eres bueno para excavar así que podríamos correr hacia ese árbol y el primero que llegue será el esclavo del otro, ¿qué dices rata? Necesito de alguien que me ventile mientras duermo – Dijo Sebastian mientras apuntaba un árbol pequeño que se encontraba como a treinta metros de distancia – ¡Pues ya llevo ventaja! – grito Dozeld al meterse en la tierra y comenzar a cavar - ¡Espera rata tramposa! – Dijo Sebastian al salir corriendo lo más rápido que podía - ¡Hey, dejen de jugar par de tontos! – Gritó Woo en tono molesto cuando de pronto la tierra comenzó a temblar, los árboles sacaban sus raíces de la tierra y comenzaron a correr de un lado a otro, por lo que Francesca dio un enorme grito - ¡Agárrate de mí con todas tus fuerzas! Ordenó Woo a Francesca. Unos metros más adelante Dozeld salió del hoyo que cavaba de un salto y al ver a todos aquellos árboles correr como locos de un lado a otro también se puso a correr sin rumbo fijo. – ¡Dozeld, espera no corras! - Gritaba Sebastian al ver cómo se aterrorizaba y mientras, entre los árboles que corrían frente a sus ojos trataba de visualizar a Dozeld y a Francesca y Woo, pero esos árboles se movían rápido y chocaban entre ellos tapando con sus ramas toda visión posible. Al ver un enorme árbol que venía directo a Sebastian, este no tuvo remedio más que salir corriendo y protegerse. En medio de aquel tumulto, Sebastian esquivaba las ramas y raíces que pasaban junto a él, pero eran tantas que una vieja rama pegó directo en su pecho haciéndolo caer. En el suelo, recogió su cuerpo y con sus manos tapaba su cabeza para evitar ser aplastada. Después de un momento todo se tranquilizó y nuevamente el bosque quedo en completo silencio. Sebastián quitó sus manos de su cabeza, abrió sus ojos, se levantó y pudo ver que esa serenidad era hasta cierto punto aterrorizante, ya que podía escuchar cómo su propia respiración hacía un ligero eco. Dio un vistazo rápido alrededor de él y notó que estaba completamente sólo. - ¡Francesca! – gritó nervioso - ¡Dozeld! – gritó nuevamente -¡Woo! – grtió con todas sus fuerzas, pero parecía que había corrido kilómetros porque no podía escuchar respuesta alguna. - ¡Francesca! – volvió a gritar ya con un tono desesperado y angustiado – ¿puedes bajar tu chillona voz? – se escuchó de repente - ¿Quién dijo eso? – preguntó Sebastian mientras volteaba a todos lados en posición de combate - ¿De verdad eso es una postura para pelear? – Dijo burlándose de cómo Sebastian empuñaba sus manos y las pegaba a su pecho - ¡Sí, y deberías acercarte para que veas lo bien que sirve mi postura! – Dijo Sebastian mientras se giraba para ver por todos lados, pero en cuanto giro su cabeza hacia su lado derecho, pudo ver una enorme boca con unos dientes amarillentos y afilados - ¿Así? – dijo aquella cosa haciendo que Sebastian pegara un grito aún más fuerte que cuando buscaba a Francesca. El pobre salió corriendo y se escondió tras un árbol. Cuidadosamente se asomó para ver qué era esa enorme cosa pero no vio nada - ¿A esto llamas esconderse? – dijo burlándose de la actitud de Sebastian, lo que hizo que saliera corriendo de ahí y cayera al suelo y al ver hacia el árbol donde estaba no pudo ver nada – Bueno ya me canse de jugar, ¿Seguirás corriendo como ratón? – preguntó detrás de Sebastian, quien rápidamente se giró. Aquella persona tenía el cuerpo de un niño de diez años, delgaducho y con pies pequeños, sus brazos eran tan largos que con sus manos tocaba el piso, como si fuera un simio, su cabeza era de gran tamaño, sus ojos eran pequeños y completamente blancos; su boca casi abarcaba toda su cara, se podían ver sus dientes amarillentos y afilados como si fuera una piraña, era de un tono muy bronceado y su cuerpo sólo era tapado por unas hojas alrededor de su cintura, cual tapa rabos, pero tenia marcas de pintura roja sobre su cuerpo, como símbolos que podían significar algo. -¿Quién eres? – preguntó Sebastian mientras se ponía de pie – Aquí todo mundo sabe quién soy – respondió con una actitud soberbia – Pues aquí yo no veo a nadie – respondió Sebastian – No aquí aquí tonto, me refiero a aquí en todo el bosque – respondió alzando la voz – entonces si conoces bien este bosque ¿me podrías ayudar a encontrar a mi hermana y mis amigos? – preguntó Sebastian para ver si él podía ayudarlo – ¿Te refieres a Francesca, Dozeld y Woo? – Preguntó – sí, ¿cómo es que los conoces? – cuestionó Sebastian – Tu corazón me lo ha dicho. No hay mejor confidente que tus propios sentimientos, ellos siempre me cuentan todo. Me dicen que Francesca es tu hermana y que los dos están buscando al Atrapasueños. También me dicen que eres un niño insolente y mal educado porque siempre te diriges a las personas sin siquiera preguntar sus nombres – contestó con un tono molesto ante la grosería de Sebastian – discúlpame, es que con todo este enredo, olvido mi educación – dijo Sebastian – Mi nombre es Nox y son el guardián de Transmuto. Y sobre tu hermana y demás, ellos están a salvo. Han llegado a la aldea de los Odor y justo ahora están planeando venirte a buscar – dijo Nox - ¿justo ahora? ¿Cómo lo sabes? - ¡Sólo lo sé y deja de preguntar que aquí el intruso eres tú! – gritó Nox en tono molesto – si bien te portas podré ayudarte pero si no obedeces serás un árbol más que corre por el resto de tu vida – dijo Nox mientras se desvanecía hasta desaparecer. - ¡No te vayas, espera! – dijo Sebastian - ¿Ahora cómo regresaré con Francesca? – pensó mientras no sabía qué camino tomar. Al encontrarse rodeado de árboles era muy difícil tomar una decisión – Tal vez, podrías rogarme – Se escuchó sólo la voz de Nox – ¿Rogarte? ¡Yo jamás ruego! – contestó Sebastian molesto por aquella petición – bueno, como quieras muchachito, en poco tiempo estos viejos árboles comenzarán su carrera y créeme que necesitas de mi como de nadie más – Se escuchó mientras esa voz se alejaba – No, no, espera, está bien… ¿podrías ayudarme? – preguntó Sebastian al sentirse desesperado de estar en medio de la nada – me estás preguntando no rogando, ¿qué tu cabeza si está tan hueca? – Dijo con un tono arrogante – vamos ¡ruegame! – gritó a Sebastian – Por favor llévame con mi hermana y los demás, te lo suplico – dijo Sebastian ya muy desesperado y casi al borde del llanto – Es tan sencillo suplicar al guardián del bosque y tú que te tardas tanto – contestó Nox mientras aparecía frente a él. Tomó a Sebastian de la mano y lo llevó detrás de unos árboles que estaban a su izquierda, al cruzar el cuarto árbol salió del bosque aquel y llegó a una pequeña aldea - ¿estábamos a cuatro árboles de esta aldea? Debes estar bromeando – dijo mientras notaba que Nox ya había desaparecido. Sebastian caminó hacia una choza que estaba por la orilla de lo que parecía ser un mar, tocó la puerta y al abrir, una nariz gigante con pies estaba detrás de esta, lo que hizo que Sebastian diera un gran grito - ¿Sebastian? – se escucho la voz de Francesca – No era mi intención asustarte, lo siento – dijo la enorme nariz a Sebastian mientras le indicaba el camino al comedor de la choza. Ahí sentados, comiendo, estaban Francesca, Dozeld y Woo – Oigan, yo muerto de hambre y ustedes comiendo – dijo Sebastian ya feliz de haberlos encontrado, corrió a sentarse en la mesa, tomó el plato más cercano y con sus manos tomo lo que había dentro dando un enorme bocado – Esto es delicioso – dijo Sebastian mientras comía – Señora, el es mi hermano – Dijo Francesca presentándolo con aquella enorme nariz – pero pobresillo, se ve que estuvo muy hambriento allá fuera en el bosque – Dijo mientras se acercaba a una vieja caldera donde calentaba más comida y mientras Woo y Dozeld lo veían comer desesperadamente dejándolos sin habla - ¿Quieres un poco más pequeño? – pregunto la señora ofreciéndole otro plato de aquello - ¡Seguro! ¿y qué es esta cosa tan deliciosa? – preguntó Sebastian sin dejar de comer – Es una receta que preparaba mi abuela, es fácil, solo tienes que mezclar en agua de pantano unos cuantos corazones de rana, escamas de cocodrilo, unos huevecillos de hormiga y lo sazonas con olvidos – Dijo la señora haciendo que inmediatamente Sebastian dejara de comer y diera el ultimo trago que tenia en su boca, después de esto no le quedaron más ganas de seguir y retiro su plato, por lo que los demás, que aún no probaban la comida, también retiraron sus platos – ¿Entonces en cuanto las campanas suenen es buen tiempo para zarpar? – preguntó Woo – Así es, el señor se encargará de tocar las campanas, pero por ahora podrán descansar – Dijo la señora mientras buscaba algunas frazadas para cobijarse. En ese instante, Sebastian recordó lo que le había dicho Nox sobre preguntar los nombres – Disculpe señora, ¿cómo se llama? – preguntó de una manera amable, a lo que los demás se le quedaron viendo extrañados de tal actitud – Así mismo, señora. En esta aldea todos nos llamamos señor y señora – contestó la señora - ¡Aquí están! – Dijo mientras sacaba las frazadas del baúl donde las buscaba – tengan con esto podrán pasar la noche calientitos y mañana en cuanto escuchen las campanas podrán zarpar – Dijo la señora. Les dio las frazadas y subió las escaleras para irse a su recámara a dormir. - ¿Te sientes bien? – preguntó Dozeld al no poder soportar la curiosidad de aquel cambio radical de Sebastian – Sí, de maravilla amigo – contestó Sebastian mientras se acomodaba para dormir. Los demás veían cómo se quedaba dormido y se acomodaron para descansar por esa noche.
lunes, 25 de abril de 2011
El guardián engreído 2.2
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)