Los tres caminaban y se iban alejando poco a poco de aquel lugar donde se encontraba Sué - ¿entonces te llamas Woozen? – Preguntó Sebastián al no recordar muy bien su nombre – No, mi nombre es Wooldern, pero solamente llámenme Woo – Contestó mientras seguían caminando – ¿y eres un guerrero? – Preguntó Sebastián – Si, pertenezco a una generación de guerreros – contestó ya un poco irritado – ¿Y aquí hay guerras? – Preguntó nuevamente – Sí, desde la existencia de la nada se ha discutido el poder entre la luz y la oscuridad – contestó aún más irritado - ¿Desde la exis…? - No concluyó Sebastián al ver que Francesca movía su cabeza en desacuerdo, por lo que un silencio envolvió a los tres. Siguieron su camino hasta llegar a un punto donde toda vegetación se había ido, sólo había arena muy fina color negra, como si fuera un desierto, pero el clima era muy agradable, ni calor ni frio, el viento soplaba y creaba oleajes en la arena, -¿qué es este lugar? – pregunto Francesca al ver que aunque no había más que arena era hermoso y tranquilo – Esto es El minutero del Vacío, aquí es de donde parte lo que ustedes conocen como el tiempo, cada grano de esta arena negra es un segundo transcurrido de la existencia de la mente – Explicó a los hermanos mientras ellos simplemente observaban anonadados – pero bueno, sigamos el camino que tenemos que cruzar antes que comience otra vez – dijo Woo adelantándose unos pasos. Al poner un pie sobre la arena sintieron algo extraño, ya que la sensación al pisarla era como si caminaras sobre agua, pero sin hundirte. Al llevar camino recorrido se escuchó un enorme estruendo que hizo parar a Woo - ¡Rápido! Agárrense de mí – dijo mientras con su largo pelaje los cubría y se encorvaba para proteger a los hermanos. Pronto, fortísimos vientos comenzaban a rodearlos, como si vinieran miles de tornados hacia ellos; la arena se alzaba y comenzaba a formar un remolino en el cielo con los tres en medio; de repente todo se calmó, no se escuchaba más que la respiración agitada de los tres, el cielo era completamente negro y el suelo donde ellos pisaban era color blanco. Woo tomó fuertemente a los hermanos y cerró sus ojos cuando sin más ni más cayeron de golpe ya que ahora el cielo era el suelo y el suelo era el cielo, había cambiado de lugar. Al caer, provocaron que la arena se moviera como una ola y los llevara de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, una y otra vez haciendo que Francesca se mareara. La arena nuevamente se tranquilizó - ¿Qué fue eso? – Preguntó Francesca mientras tomaba aire para calmar su mareo – Vaya que desde que desapareció el atrapa sueños estas lagunas temporales son más agresivas – comentó Woo mientras veía el horizonte para ubicar el punto en el que estaban – Ahora, ¿hacia dónde debemos seguir? – Preguntó Sebastián mientras también veía al horizonte – Esto no tomará más que unos segundos… - Dijo Woo esperando – Listo, ahí está – Dijo apuntando a un pequeño agujero que apenas si se percibía desde donde estaban ellos - ¿Ahí está qué? – Preguntó Francesca al no ver nada – No seas impaciente, es muy difícil construir túneles en este tipo de arenas – comentó Woo mientras seguía observando - ¿túneles? – preguntó Sebastián mientras medio cerraba sus ojos para ver si a lo lejos podía ver algo y efectivamente pudo notar que se iba formando una línea de arena y que iba acercándose a ellos. Al llegar hasta donde estaban los tres, de un tumulto de tierra que se formó salió Dozeld - ¡Dozeld! – Dijo Francesca con admiración y alegría – ¡Niña y Niño! – Respondió igualmente alegrado de verlos - ¡Vamos, tenemos que seguir porque no queremos otra laguna temporal ¿cierto? – Comentó Dozeld mientras comenzó a caminar en sentido contrario a ellos - No creo que sea por ese lado, de allá venimos – Dijo Sebastián al no estar seguro que aquel fuera el camino correcto – No, yo digo que es por acá y es por acá – respondió Dozeld – Pero por allá venimos, entonces vamos a regresar – Argumentó Sebastián mientras Woo y Francesca sólo veían como comenzaban a discutir - ¡Te digo que no niño! ¿Cómo te atreves a dudar de mi sentido de orientación, a caso te comieron la lengua los castores? - ¡Ratones! – Corrigió Sebastián - ¡Ratones, castores, ambos son roedores y huelen mal! – Dijo Dozeld ya molesto por las contradicciones de Sebastián – ¡Además no tiene sentido esa frase con tu orientación! – Agregó Sebastián - ¡¿Ahora me hablas de sentido?! ¡El único con sentido soy yo, y mi sentido me dice que es por allá! – Gritó Dozeld mientras señalaba hacía el camino a espaldas de Sebastián - ¡¡¡Basta!!! – Gritaron al mismo tiempo Francesca y Woo al ver que su pelea no los llevaba a ningún lado – Sigamos el camino que dice Dozeld, el conoce mejor el lugar que ninguno – Dijo Woo mientras se adelantaba para comenzar a caminar – Pero… ¡está bien! Pero si regresamos a donde mismo habrá rata asada – comentó mientras veía con ojos retadores a Dozeld – ¡Sebastián! – Dijo Francesca en tono de regaño para aplacarlo. Los cuatro siguieron el nuevo camino que había marcado Dozeld y al poco tiempo llegaron al borde donde había un precipicio, tan profundo que no se veía el fondo y el cual separaba el suelo. Del otro lado se podía ver un pequeño bosque con árboles de tronco liso y ramajes completamente redondos; eran de varios tamaños y colores y si ponían atención se podía escuchar una melodía a lo lejos.
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