-¿Cómo cruzaremos al otro extremo? – pregunto Francesca al no ver manera de ir al otro lado - ¿De verdad no lo sabes? – preguntó Dozeld mientras de entre la arena recogía unos tréboles – ¡Esos son tréboles de cuatro hojas, pero que suerte tienes pequeña rata! – dijo Sebastián al darse cuenta de tal tiro de suerte – tu qué sabes de la suerte si no eres más que un incrédulo – contestó Dozen mientras seguía recogiendo los tréboles. Cuando juntó algunos en sus manos, se pudieron dar cuenta que además de tener cuatro hojas cambiaban de color, entonces Dozen comenzó a repartir uno a cada uno – con esto podremos pasar sin problema alguno – dijo mientras mordía el tallo del trébol que tenia en sus manos –vamos, coman el tallo de los tréboles – dijo mientras seguía masticando. Todos comieron los tallos y nada pasaba – gran idea – dijo Sebastián entre dientes y en tono de burla cuando un viento comenzaba a soplar, haciendo que la arena se fuera desvaneciendo del piso donde estaban parados, dejando ver miles de tréboles que cambiaban de color. Mientras el viento rozaba sus hojas provocando que el sonido formase una melodía; era una melodía que con el simple hecho de escucharla provocaba mover tu cuerpo y bailar, entonces los cuatro comenzaban a moverse aparentemente sin ritmo pero dejándose llevar por aquel agradable sonido, eran silbidos del viento combinados con el golpe que hacían con sus pies y con el campaneo que se escuchaba al chocar hoja con hoja; el viento cada vez era más fuerte y ellos cada vez se sentían más ligeros, como si sus pies dejaran de tocar el suelo y como si flotaran sobre aquella enorme cama de tréboles; sus sentidos se agudizaban y podía escuchar cómo un “poom…poom” cada vez era más fuerte. A lo lejos se podía ver una nube de tierra que se acercaba a ellos – ¡aquí vienen! – dijo Dozeld al momento que todos volteaban para ver que esa nube de tierra era una manada de seres extraños, eran como enormes antílopes rayados como cebras pero color púrpura con cuernos medianos que destellaban como si estuvieran hechos de estrellas; sus patas eran tan largas que los hacia ver más altos de lo que eran, tal vez estas median 5 metros y eran tan delgadas que parecían torpes al caminar; venían corriendo hacía ellos provocando un gran viento que comenzaba a sacudir a todos los tréboles – Tomen las cuatro hojas de su trébol y sujétenlas como si fueran sombrillas, ellos harán el resto – dijo Dozeld. Todos tomaron su trébol con una mano como si fuera sombrilla y el viento creo una explosión en las hojas; polvo brillante salió de estos, como si fuera un polvo hecho de diamantes molidos y fue entonces cuando su tamaño se incremento, esas pequeñas hojas ahora eran tan grandes que fácilmente podían llevarlos por el viento que golpeaba su interior, tal como una sombrilla que te arrastra por el viento fuerte. Todos comenzaron a elevarse y a avanzar; el suelo se alejaba y estaban sobrevolando aquel precipicio sin fondo. Al pasar del otro lado las hojas volvieron a su tamaño normal haciendo que cayeran al suelo de golpe seco. Al momento de caer era como aterrizar en un tumulto de plumas, ese suelo era suave como un enorme algodón lo que provocó la risa de todos. - ¿De qué reirán? – se escuchó un murmullo – Supongo que están desquiciados – decía en voz baja - ¡No digas tonterías, aquí el único desquiciado es el viejo! – susurró mientras reían en voz baja - ¡dejen de decir incoherencias, que no ven que son los niños! – dijo con voz muy baja para no causar curiosidad -¿Escucharon eso? – Dijo Sebastián mientras callaba a los demás - ¿Qué cosa? – pregunto Woo al poner atención y no escuchar más que los crujidos de los árboles que los rodeaban – Creo que ya estás perdiendo la razón – Dijo Dozeld – supongo que sí – contestó Sebastián algo preocupado – pues si es así ya lo estás entendiendo – contestó Dozeld al sentirse feliz porque Sebastián ya estaba comprendiendo que en ese lugar cualquier cosa podía pasar.
Se pusieron de pie para seguir su camino y se adentraron al bosque de árboles redondos. Al adentrarse podían sentir cómo alguien o algo los observaba, a veces sentían que los veían de lejos y otras veces muy de cerca, al llegar al centro del bosque notaron que se formaba un triángulo formado sólo de tierra, no había nada sobre ese triangulo, entonces se detuvieron para pensar qué camino tomar. Francesca pudo notar que en cada punta del triangulo formado había un enorme árbol de tronco muy grueso, eran diferentes a todos los demás árboles que habían en el bosque. Ese lugar era muy tranquilo y les provocaba un sentimiento de paz – creo que ya pronto anochecerá – dijo Dozeld al ver que el cielo se iba tornando negro – Sí, creo es mejor que descansemos un poco y mañana en cuanto Minze prenda la luz volvemos a nuestro camino – dijo mientras se recostaba en el suelo preparándose para dormir - ¿Quién es Minze? – pregunto Francesca – Minze es el iluminador del día, ¿o de verdad crees que el Sol queda prendido aún de noche? – Dijo Woo mientras se recostaba junto con Dozeld. Francesca sólo vio a Sebastián y evitó seguir preguntando, así que los dos se rejuntaron con Dozeld y Woo para poder dormir un poco.
- ¿Crees que estén dormidos? – preguntó – ¡Que si lo están, ve nada más el ruido que hacen! – dijo el otro mientras se disgustaba por tal escándalo - ¡Cállense viejos testarudos, les he dicho que son los niños! – contestó el más viejo - pues para mi no son más que ¡intrusos! – dijo en voz alta - ¡los despertarás, baja la voz! – respondió - ¡Cómo quieres que baje la voz si son INTRUSOS! Vienen a terminar con nuestro bosque, ¡Te lo he dicho antes! llegó el día en que nos encontramos con el fin, y ustedes que no me hacen caso, ¡deben irse de nuestro bosque! ¡intrusos! – gritaba mientras se disturbaba por la presencia de Francesca y Sebastián - ¡QUE TE CALLES! – gritó tan fuerte que los árboles de alrededor se encogían con temor metiéndose debajo de la tierra y dejando todo un llano desolado, lo que provocó que los cuatro despertaran algo asustados por aquel enorme estruendo. Al ver que no había nada más que el triángulo de tierra y los tres árboles Sebastián se asusto tanto que gritaba de manera tal que los tres árboles soltaron tremenda carcajada. Al ver que los árboles reían Francesca y Sebastián corrieron tras Woo para esconderse junto con Dozeld. – No se asusten, disculpen mi manera de despertarlos pero este viejo es un patán – se disculpó el árbol central que era el más viejo de los tres – mi nombre es Khe, él es Medis y aquel viejo rabioso es Puno, somos la trinidad del cosmos – se presentó – Nosotros somos - - Francesca… Sebastián… Woo… y aquel pequeño debe ser Dozeld – interrumpió Khe mientras iba señalando a cada uno como si ya los conociera - ¿Cómo sabes quienes somos? – Pregunto Dozeld un poco temeroso - ¿Qué parte de ‘la trinidad del cosmos’ no te quedo claro pequeño amiguito? – contestó Puno en forma de sarcasmo lo que ocasionó que Dozeld ya no hiciera más preguntas – Discúlpenlo, desde que el atrapa sueños dejó a la máquina viajera todo mundo está vuelto loco – dijo Medis para tranquilizar un poco aquel ambiente de tensión -
No hay comentarios:
Publicar un comentario