domingo, 25 de julio de 2010

Capitulo I “Happytty Forest”

Si bien esta historia es sobre dos hermanos típicos y comunes, ésta es completamente atípica. Todo comenzó dentro de la torcida y trastornada mente de Sebastián; un joven de 23 años quién siempre desarrolló un gusto por el dibujo y la ilustración, aunque nunca se le dio el don, sin embargo descubrió su sensibilidad en la fotografía después de tomar sus primeras fotos con una vieja cámara cuando tenía 19.

- Entre los árboles de aquel bosque corría evitando ser atrapada, de repente una rama tornasol salió del roble mayor y detuvo su paso, la pequeña liebre no tuvo opción alguna más que detenerse levantando una gran nube de polvo que cambiaba de color con los rayos de la luna, la cual desde la copa del roble se escondía y se burlaba de la desesperación de aquel animalito; al esfumarse por completo todo aquel polvo, el roble tomó a la liebre de las orejas y la levantó, abrió su boca y de un sólo bocado se la tragó; dentro del roble estaba todo oscuro, excepto por un pequeño haz de luz violeta que llegaba directo a la pupila de la liebre dilatándola. Con forme se acercaba a la fuente donde provenía la luz podía ver una pequeña ventana; al llegar a esta se asomó y vio sentado en un viejo sofá a un topo leyendo un libro de recetas; cuando la liebre alzó la mano para tocar la ventana todo se oscureció y no recuerdo qué más pasó – dijo Sebastián a Francesca mientras comía un enorme plato de cereal, - a mi me pasó algo parecido- respondió Francesa; ella es una chica de 24 años, es 11 meses mayor que Sebastián y aunque para ella el único arte está en disfrutar la vida, tiene una voz increíble, aunque solamente cante encerrada en su habitación. - ¿También soñaste con la liebre y ese bosque extraño? - preguntó Sebastián sorprendido, - ¡claro que no! Me refiero a que no recuerdo la mitad de mi sueño – contestó mientras se servía un vaso de jugo de zarzamora.

Un corte extraño en los sueños de ambos hermanos, algo sin sentido tal vez, pero lo que no esperaban es que después de ese día no volverían a soñar de nuevo. Meses después, en el jardín bebiendo una taza de té y recostados sobre el pasto verde amarelo, los hermanos buscaban formas a las nubes - ¡mira! Esa parece un alce – dijo Sebastián - ¿un alce? ¡Pero sin cuernos! – Contestó Francesca y los dos soltaron una enorme carcajada - ¿qué es eso? – Dijo Sebastián apuntando a la nariz de Francesca, - ¿qué es que? – Dijo mientras se levantaba de su lugar, - ¡tienes una abeja en tu nariz! – Dijo Sebastián haciendo que Francesca soltara un enorme grito - ¡espera, espera que te va a… picar! – Dijo Sebastián quitándole la abeja moribunda de la nariz - ¿me picó? – Pregunto Francesca, - si – dijo extrañado y tratando de quitarle el aguijón de su nariz – no me dolió – Respondió ella – espera ya casi… sale… ¡salió!, listo aquí está el aguijón – Dijo Sebastián mostrándole el diminuto aguijón en su dedo - ¡oh por Dios, tu nariz! – Gritó espantado – ¿otra abeja? – Gritó despavorida Francesca - ¡no, no, no, tu nariz es gigantesca! – dijo Sebastián mientras retrocedía y apuntaba aquella enorme nariz. La nariz de Francesca crecía como un globo aerostático color rojo y poco a poco la levantaba del suelo hasta que no resistió más y su nariz reventó haciendo un gran sonido que hizo retumbar sus oídos y una gran viento alzó las hojas que estaban en el suelo. Al caer Francesca junto a Sebastián las hojas los cubrieron.
- Francesca, ¿estás bien? – Preguntó Sebastián mientras se sacudía el polvo y se quitaba las hojas de encima, - si, estoy bien – Contestó mientras tosía y se levantaba de aquel bulto de hojas, - ¡que bueno que todos estamos bien! – Dijo mientras soltaba un suspiro de alivio - ¡vaya que eso sí fue un ventahojoso! - Replicó - ¿un “ventahojoso”, qué es eso? – dijo Sebastián mientras se ponía de pie y terminaba de sacudirse el polvo - ¡un ventahojoso!, todo mundo sabe que es un ventahojoso, es este aire que remolinea con las hojas, un viento y muchas hojas, viento, hojas, ¡ventahojoso! – Dijo – pues yo no sé que sea – contestó Francesca de pie y quitándose las últimas hojas que tenia en los brazos - ¿qué es eso? – Gritó Sebastián al alzar su mirada - ¡ya te lo expliqué, es este aire que… - contestó – no, no un ventajoso – dijo Sebastián – ventahojoso – lo corrigió - ¡como sea, me refiero a ti! ¿Qué eres? – Preguntó Sebastián mientras Francesca sin moverse veía aquello – es, es un… parece un… ¿alce? – Replicó Francesca tartamudeando - ¿un alce, dónde? – Dijo - ¡tú lo eres! – Contestó Sebastián – ¡yo lo soy!, ¿yo lo soy? Oh no, no, no soy un alce – dijo mientras soltaba una carcajada – entonces, ¿qué eres? – Preguntó Francesca – yo soy… amm… yo soy… la verdad es que nunca me lo había preguntado, sólo soy algo – contestó muy confundido al no saber cómo describirse, ya que aquello parecía un alce, pero su piel era blanca y no tenía cuernos, sus ojos eran enormes color azul, sus pesuñas eran como de un pequeño cerdito, su cola era como la de una ardilla y su tamaño era como el de un conejo, era pequeño, como un alce miniatura, pero como ya dije, no era un alce.

- ¿cómo te llamas? – Preguntó Francesca al tomarlo y ponerlo entre sus brazos, - me llamo Dozeld – Contestó con una actitud orgullosa – y, ¿ustedes quiénes son? – Preguntó – pues yo soy Francesca y él es mi hermano Sebastián – Dijo – y ¿qué hacen aquí? – Preguntó Dozeld - ¿Aquí? Pues usualmente venimos a tomar té a nuestro jardín – Dijo Sebastián muy extrañado por aquella pregunta - ¿su jardín? – Preguntó Dozeld – no, no ¡NO! ¡Este bosque no es suyo! – Contestó mientras bajaba de los brazos de Francesca algo molesto, - ¿Bosque? ¿Cuál bos….? – Dijo Sebastián al darse cuenta que estaban en medio de un tumulto de árboles, muy diferente al jardín de su casa.

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