Han llegado un poco tarde, pero nada que no esté planeado – ¿Ustedes ya lo sabían? – preguntó Francesca - ¡Claro que lo sabíamos! Nosotros TODO lo sabemos muchachita – gruñó Puno al escuchar tal incoherencia, por lo que Francesca simplemente bajó su mirada y evitó hablar nuevamente – Bueno pero qué gruñón te has vuelto Puno, el tiempo sí que ahueca tus raíces – dijo Medis al ver los desplantes de aquel viejo árbol – esperen un poco – dijo Khe mientras comenzaba a sacudirse. Sus hojas se movían de un lado a otro hasta que un mono cayó al suelo. El mono sobaba su espalda y de una bolsa frontal, cual canguro, sacó un pedazo de papel y se lo dio a Khe, después volvió a trepar por él y se escondió entre sus ramas. – miren, esto fue lo que encontramos – dijo mientras daba el papel a Woo y este lo leyó en voz alta – “DEL BOSQUE QUE VEA PUNTO DEL BLANCO SERÁN SU CAMINO” – se quedaron en silencio pensando lo que podría significar, pero nadie podía comprender una sola palabra. Mientras pensaban en el posible significado de aquel recado, un rayo de luz paso por en cima de todos dejando una estela brillante en el cielo negro. – la primer llamada – dijo Medis – ¿y eso qué significa? – preguntó Sebastian – Significa que es tiempo de ir hacia Kátompo, ahí deberán encontrarse con Crón y él les dará el poder lunar cuya sabiduría los guiará para encontrar al atrapasueños – Dijo Khe mientras en el centro de los tres árboles la tierra formaba una espiral marcada en una puerta sobre el suelo, misma que se abría, dejando ver unas escaleras que bajaban. – Vayan y llegarán al bosque Transmuto, ahí deberán encontrarse con los Odor quienes los llevarán al puerto y zarparán a las tierras de Kátompo – Dijo Medis mientras Francesca, Sebastian, Woo y Dozeld se preparaban para bajar por las escaleras. – Pero tengan cuidado, el bosque no le gusta permanecer quieto, su mejor forma de ubicarse será con el murmullo de los manolianos- Dijo Khe mientras los cuatro entraban en la penumbra de aquella puerta. De repente la puerta se cerró y los cuatro seguían bajando las interminables escaleras, Dozeld alzó la mirada donde estaba la puerta pero en su lugar vio nubes color azul índigo. Mientras bajaban pudieron sentir un pequeño temblor que sacudía un poco las escaleras al mismo tiempo que veían cómo los árboles de aquél bosque se levantaban y corrían de un lugar a otro cambiando su posición y enterrándose nuevamente en la tierra. Después de bajar tantas escaleras por fin pudieron pisar tierra firme – Ahora debemos buscar a los Odor – Dijo Woo, lo que provocó que entre la oscuridad del bosque se escucharan murmullos – Esos deben ser los murmullos que dijo Khe creo vamos entonces por buen camino – Dijo Francesca mientras seguían caminando – Vamos rata, ¡te reto! – dijo Sebastian a Dozeld - ¿tú? ¿retarme a mí? ¿En qué podrías tú pelele ganarme a mí? – dijo Dozeld con un tono de burla – ¡pues fácil! Mis piernas son largas y tus patas apenas si se ven, pero eres bueno para excavar así que podríamos correr hacia ese árbol y el primero que llegue será el esclavo del otro, ¿qué dices rata? Necesito de alguien que me ventile mientras duermo – Dijo Sebastian mientras apuntaba un árbol pequeño que se encontraba como a treinta metros de distancia – ¡Pues ya llevo ventaja! – grito Dozeld al meterse en la tierra y comenzar a cavar - ¡Espera rata tramposa! – Dijo Sebastian al salir corriendo lo más rápido que podía - ¡Hey, dejen de jugar par de tontos! – Gritó Woo en tono molesto cuando de pronto la tierra comenzó a temblar, los árboles sacaban sus raíces de la tierra y comenzaron a correr de un lado a otro, por lo que Francesca dio un enorme grito - ¡Agárrate de mí con todas tus fuerzas! Ordenó Woo a Francesca. Unos metros más adelante Dozeld salió del hoyo que cavaba de un salto y al ver a todos aquellos árboles correr como locos de un lado a otro también se puso a correr sin rumbo fijo. – ¡Dozeld, espera no corras! - Gritaba Sebastian al ver cómo se aterrorizaba y mientras, entre los árboles que corrían frente a sus ojos trataba de visualizar a Dozeld y a Francesca y Woo, pero esos árboles se movían rápido y chocaban entre ellos tapando con sus ramas toda visión posible. Al ver un enorme árbol que venía directo a Sebastian, este no tuvo remedio más que salir corriendo y protegerse. En medio de aquel tumulto, Sebastian esquivaba las ramas y raíces que pasaban junto a él, pero eran tantas que una vieja rama pegó directo en su pecho haciéndolo caer. En el suelo, recogió su cuerpo y con sus manos tapaba su cabeza para evitar ser aplastada. Después de un momento todo se tranquilizó y nuevamente el bosque quedo en completo silencio. Sebastián quitó sus manos de su cabeza, abrió sus ojos, se levantó y pudo ver que esa serenidad era hasta cierto punto aterrorizante, ya que podía escuchar cómo su propia respiración hacía un ligero eco. Dio un vistazo rápido alrededor de él y notó que estaba completamente sólo. - ¡Francesca! – gritó nervioso - ¡Dozeld! – gritó nuevamente -¡Woo! – grtió con todas sus fuerzas, pero parecía que había corrido kilómetros porque no podía escuchar respuesta alguna. - ¡Francesca! – volvió a gritar ya con un tono desesperado y angustiado – ¿puedes bajar tu chillona voz? – se escuchó de repente - ¿Quién dijo eso? – preguntó Sebastian mientras volteaba a todos lados en posición de combate - ¿De verdad eso es una postura para pelear? – Dijo burlándose de cómo Sebastian empuñaba sus manos y las pegaba a su pecho - ¡Sí, y deberías acercarte para que veas lo bien que sirve mi postura! – Dijo Sebastian mientras se giraba para ver por todos lados, pero en cuanto giro su cabeza hacia su lado derecho, pudo ver una enorme boca con unos dientes amarillentos y afilados - ¿Así? – dijo aquella cosa haciendo que Sebastian pegara un grito aún más fuerte que cuando buscaba a Francesca. El pobre salió corriendo y se escondió tras un árbol. Cuidadosamente se asomó para ver qué era esa enorme cosa pero no vio nada - ¿A esto llamas esconderse? – dijo burlándose de la actitud de Sebastian, lo que hizo que saliera corriendo de ahí y cayera al suelo y al ver hacia el árbol donde estaba no pudo ver nada – Bueno ya me canse de jugar, ¿Seguirás corriendo como ratón? – preguntó detrás de Sebastian, quien rápidamente se giró. Aquella persona tenía el cuerpo de un niño de diez años, delgaducho y con pies pequeños, sus brazos eran tan largos que con sus manos tocaba el piso, como si fuera un simio, su cabeza era de gran tamaño, sus ojos eran pequeños y completamente blancos; su boca casi abarcaba toda su cara, se podían ver sus dientes amarillentos y afilados como si fuera una piraña, era de un tono muy bronceado y su cuerpo sólo era tapado por unas hojas alrededor de su cintura, cual tapa rabos, pero tenia marcas de pintura roja sobre su cuerpo, como símbolos que podían significar algo. -¿Quién eres? – preguntó Sebastian mientras se ponía de pie – Aquí todo mundo sabe quién soy – respondió con una actitud soberbia – Pues aquí yo no veo a nadie – respondió Sebastian – No aquí aquí tonto, me refiero a aquí en todo el bosque – respondió alzando la voz – entonces si conoces bien este bosque ¿me podrías ayudar a encontrar a mi hermana y mis amigos? – preguntó Sebastian para ver si él podía ayudarlo – ¿Te refieres a Francesca, Dozeld y Woo? – Preguntó – sí, ¿cómo es que los conoces? – cuestionó Sebastian – Tu corazón me lo ha dicho. No hay mejor confidente que tus propios sentimientos, ellos siempre me cuentan todo. Me dicen que Francesca es tu hermana y que los dos están buscando al Atrapasueños. También me dicen que eres un niño insolente y mal educado porque siempre te diriges a las personas sin siquiera preguntar sus nombres – contestó con un tono molesto ante la grosería de Sebastian – discúlpame, es que con todo este enredo, olvido mi educación – dijo Sebastian – Mi nombre es Nox y son el guardián de Transmuto. Y sobre tu hermana y demás, ellos están a salvo. Han llegado a la aldea de los Odor y justo ahora están planeando venirte a buscar – dijo Nox - ¿justo ahora? ¿Cómo lo sabes? - ¡Sólo lo sé y deja de preguntar que aquí el intruso eres tú! – gritó Nox en tono molesto – si bien te portas podré ayudarte pero si no obedeces serás un árbol más que corre por el resto de tu vida – dijo Nox mientras se desvanecía hasta desaparecer. - ¡No te vayas, espera! – dijo Sebastian - ¿Ahora cómo regresaré con Francesca? – pensó mientras no sabía qué camino tomar. Al encontrarse rodeado de árboles era muy difícil tomar una decisión – Tal vez, podrías rogarme – Se escuchó sólo la voz de Nox – ¿Rogarte? ¡Yo jamás ruego! – contestó Sebastian molesto por aquella petición – bueno, como quieras muchachito, en poco tiempo estos viejos árboles comenzarán su carrera y créeme que necesitas de mi como de nadie más – Se escuchó mientras esa voz se alejaba – No, no, espera, está bien… ¿podrías ayudarme? – preguntó Sebastian al sentirse desesperado de estar en medio de la nada – me estás preguntando no rogando, ¿qué tu cabeza si está tan hueca? – Dijo con un tono arrogante – vamos ¡ruegame! – gritó a Sebastian – Por favor llévame con mi hermana y los demás, te lo suplico – dijo Sebastian ya muy desesperado y casi al borde del llanto – Es tan sencillo suplicar al guardián del bosque y tú que te tardas tanto – contestó Nox mientras aparecía frente a él. Tomó a Sebastian de la mano y lo llevó detrás de unos árboles que estaban a su izquierda, al cruzar el cuarto árbol salió del bosque aquel y llegó a una pequeña aldea - ¿estábamos a cuatro árboles de esta aldea? Debes estar bromeando – dijo mientras notaba que Nox ya había desaparecido. Sebastian caminó hacia una choza que estaba por la orilla de lo que parecía ser un mar, tocó la puerta y al abrir, una nariz gigante con pies estaba detrás de esta, lo que hizo que Sebastian diera un gran grito - ¿Sebastian? – se escucho la voz de Francesca – No era mi intención asustarte, lo siento – dijo la enorme nariz a Sebastian mientras le indicaba el camino al comedor de la choza. Ahí sentados, comiendo, estaban Francesca, Dozeld y Woo – Oigan, yo muerto de hambre y ustedes comiendo – dijo Sebastian ya feliz de haberlos encontrado, corrió a sentarse en la mesa, tomó el plato más cercano y con sus manos tomo lo que había dentro dando un enorme bocado – Esto es delicioso – dijo Sebastian mientras comía – Señora, el es mi hermano – Dijo Francesca presentándolo con aquella enorme nariz – pero pobresillo, se ve que estuvo muy hambriento allá fuera en el bosque – Dijo mientras se acercaba a una vieja caldera donde calentaba más comida y mientras Woo y Dozeld lo veían comer desesperadamente dejándolos sin habla - ¿Quieres un poco más pequeño? – pregunto la señora ofreciéndole otro plato de aquello - ¡Seguro! ¿y qué es esta cosa tan deliciosa? – preguntó Sebastian sin dejar de comer – Es una receta que preparaba mi abuela, es fácil, solo tienes que mezclar en agua de pantano unos cuantos corazones de rana, escamas de cocodrilo, unos huevecillos de hormiga y lo sazonas con olvidos – Dijo la señora haciendo que inmediatamente Sebastian dejara de comer y diera el ultimo trago que tenia en su boca, después de esto no le quedaron más ganas de seguir y retiro su plato, por lo que los demás, que aún no probaban la comida, también retiraron sus platos – ¿Entonces en cuanto las campanas suenen es buen tiempo para zarpar? – preguntó Woo – Así es, el señor se encargará de tocar las campanas, pero por ahora podrán descansar – Dijo la señora mientras buscaba algunas frazadas para cobijarse. En ese instante, Sebastian recordó lo que le había dicho Nox sobre preguntar los nombres – Disculpe señora, ¿cómo se llama? – preguntó de una manera amable, a lo que los demás se le quedaron viendo extrañados de tal actitud – Así mismo, señora. En esta aldea todos nos llamamos señor y señora – contestó la señora - ¡Aquí están! – Dijo mientras sacaba las frazadas del baúl donde las buscaba – tengan con esto podrán pasar la noche calientitos y mañana en cuanto escuchen las campanas podrán zarpar – Dijo la señora. Les dio las frazadas y subió las escaleras para irse a su recámara a dormir. - ¿Te sientes bien? – preguntó Dozeld al no poder soportar la curiosidad de aquel cambio radical de Sebastian – Sí, de maravilla amigo – contestó Sebastian mientras se acomodaba para dormir. Los demás veían cómo se quedaba dormido y se acomodaron para descansar por esa noche.
Francesca, Sebastián y el misterio del Atrapa sueños
lunes, 25 de abril de 2011
El guardián engreído 2.2
jueves, 30 de diciembre de 2010
El guardián engreído 2.1
-¿Cómo cruzaremos al otro extremo? – pregunto Francesca al no ver manera de ir al otro lado - ¿De verdad no lo sabes? – preguntó Dozeld mientras de entre la arena recogía unos tréboles – ¡Esos son tréboles de cuatro hojas, pero que suerte tienes pequeña rata! – dijo Sebastián al darse cuenta de tal tiro de suerte – tu qué sabes de la suerte si no eres más que un incrédulo – contestó Dozen mientras seguía recogiendo los tréboles. Cuando juntó algunos en sus manos, se pudieron dar cuenta que además de tener cuatro hojas cambiaban de color, entonces Dozen comenzó a repartir uno a cada uno – con esto podremos pasar sin problema alguno – dijo mientras mordía el tallo del trébol que tenia en sus manos –vamos, coman el tallo de los tréboles – dijo mientras seguía masticando. Todos comieron los tallos y nada pasaba – gran idea – dijo Sebastián entre dientes y en tono de burla cuando un viento comenzaba a soplar, haciendo que la arena se fuera desvaneciendo del piso donde estaban parados, dejando ver miles de tréboles que cambiaban de color. Mientras el viento rozaba sus hojas provocando que el sonido formase una melodía; era una melodía que con el simple hecho de escucharla provocaba mover tu cuerpo y bailar, entonces los cuatro comenzaban a moverse aparentemente sin ritmo pero dejándose llevar por aquel agradable sonido, eran silbidos del viento combinados con el golpe que hacían con sus pies y con el campaneo que se escuchaba al chocar hoja con hoja; el viento cada vez era más fuerte y ellos cada vez se sentían más ligeros, como si sus pies dejaran de tocar el suelo y como si flotaran sobre aquella enorme cama de tréboles; sus sentidos se agudizaban y podía escuchar cómo un “poom…poom” cada vez era más fuerte. A lo lejos se podía ver una nube de tierra que se acercaba a ellos – ¡aquí vienen! – dijo Dozeld al momento que todos volteaban para ver que esa nube de tierra era una manada de seres extraños, eran como enormes antílopes rayados como cebras pero color púrpura con cuernos medianos que destellaban como si estuvieran hechos de estrellas; sus patas eran tan largas que los hacia ver más altos de lo que eran, tal vez estas median 5 metros y eran tan delgadas que parecían torpes al caminar; venían corriendo hacía ellos provocando un gran viento que comenzaba a sacudir a todos los tréboles – Tomen las cuatro hojas de su trébol y sujétenlas como si fueran sombrillas, ellos harán el resto – dijo Dozeld. Todos tomaron su trébol con una mano como si fuera sombrilla y el viento creo una explosión en las hojas; polvo brillante salió de estos, como si fuera un polvo hecho de diamantes molidos y fue entonces cuando su tamaño se incremento, esas pequeñas hojas ahora eran tan grandes que fácilmente podían llevarlos por el viento que golpeaba su interior, tal como una sombrilla que te arrastra por el viento fuerte. Todos comenzaron a elevarse y a avanzar; el suelo se alejaba y estaban sobrevolando aquel precipicio sin fondo. Al pasar del otro lado las hojas volvieron a su tamaño normal haciendo que cayeran al suelo de golpe seco. Al momento de caer era como aterrizar en un tumulto de plumas, ese suelo era suave como un enorme algodón lo que provocó la risa de todos. - ¿De qué reirán? – se escuchó un murmullo – Supongo que están desquiciados – decía en voz baja - ¡No digas tonterías, aquí el único desquiciado es el viejo! – susurró mientras reían en voz baja - ¡dejen de decir incoherencias, que no ven que son los niños! – dijo con voz muy baja para no causar curiosidad -¿Escucharon eso? – Dijo Sebastián mientras callaba a los demás - ¿Qué cosa? – pregunto Woo al poner atención y no escuchar más que los crujidos de los árboles que los rodeaban – Creo que ya estás perdiendo la razón – Dijo Dozeld – supongo que sí – contestó Sebastián algo preocupado – pues si es así ya lo estás entendiendo – contestó Dozeld al sentirse feliz porque Sebastián ya estaba comprendiendo que en ese lugar cualquier cosa podía pasar.
Se pusieron de pie para seguir su camino y se adentraron al bosque de árboles redondos. Al adentrarse podían sentir cómo alguien o algo los observaba, a veces sentían que los veían de lejos y otras veces muy de cerca, al llegar al centro del bosque notaron que se formaba un triángulo formado sólo de tierra, no había nada sobre ese triangulo, entonces se detuvieron para pensar qué camino tomar. Francesca pudo notar que en cada punta del triangulo formado había un enorme árbol de tronco muy grueso, eran diferentes a todos los demás árboles que habían en el bosque. Ese lugar era muy tranquilo y les provocaba un sentimiento de paz – creo que ya pronto anochecerá – dijo Dozeld al ver que el cielo se iba tornando negro – Sí, creo es mejor que descansemos un poco y mañana en cuanto Minze prenda la luz volvemos a nuestro camino – dijo mientras se recostaba en el suelo preparándose para dormir - ¿Quién es Minze? – pregunto Francesca – Minze es el iluminador del día, ¿o de verdad crees que el Sol queda prendido aún de noche? – Dijo Woo mientras se recostaba junto con Dozeld. Francesca sólo vio a Sebastián y evitó seguir preguntando, así que los dos se rejuntaron con Dozeld y Woo para poder dormir un poco.
- ¿Crees que estén dormidos? – preguntó – ¡Que si lo están, ve nada más el ruido que hacen! – dijo el otro mientras se disgustaba por tal escándalo - ¡Cállense viejos testarudos, les he dicho que son los niños! – contestó el más viejo - pues para mi no son más que ¡intrusos! – dijo en voz alta - ¡los despertarás, baja la voz! – respondió - ¡Cómo quieres que baje la voz si son INTRUSOS! Vienen a terminar con nuestro bosque, ¡Te lo he dicho antes! llegó el día en que nos encontramos con el fin, y ustedes que no me hacen caso, ¡deben irse de nuestro bosque! ¡intrusos! – gritaba mientras se disturbaba por la presencia de Francesca y Sebastián - ¡QUE TE CALLES! – gritó tan fuerte que los árboles de alrededor se encogían con temor metiéndose debajo de la tierra y dejando todo un llano desolado, lo que provocó que los cuatro despertaran algo asustados por aquel enorme estruendo. Al ver que no había nada más que el triángulo de tierra y los tres árboles Sebastián se asusto tanto que gritaba de manera tal que los tres árboles soltaron tremenda carcajada. Al ver que los árboles reían Francesca y Sebastián corrieron tras Woo para esconderse junto con Dozeld. – No se asusten, disculpen mi manera de despertarlos pero este viejo es un patán – se disculpó el árbol central que era el más viejo de los tres – mi nombre es Khe, él es Medis y aquel viejo rabioso es Puno, somos la trinidad del cosmos – se presentó – Nosotros somos - - Francesca… Sebastián… Woo… y aquel pequeño debe ser Dozeld – interrumpió Khe mientras iba señalando a cada uno como si ya los conociera - ¿Cómo sabes quienes somos? – Pregunto Dozeld un poco temeroso - ¿Qué parte de ‘la trinidad del cosmos’ no te quedo claro pequeño amiguito? – contestó Puno en forma de sarcasmo lo que ocasionó que Dozeld ya no hiciera más preguntas – Discúlpenlo, desde que el atrapa sueños dejó a la máquina viajera todo mundo está vuelto loco – dijo Medis para tranquilizar un poco aquel ambiente de tensión -
lunes, 16 de agosto de 2010
Capitulo 2 "El guardián engreído”
Happity Forest 1.3
martes, 27 de julio de 2010
Happity Forest 1.2
- ¡Que bueno que han llegado! – se escuchó una voz cerca de los hermanos, por lo que buscaron de donde provenía y se dieron cuenta que bajo a sus pies había una bola espinada, la cual se desenvolvió y era un puercoespín el cuál no parecía ser de gran edad, ya que sus espinoso cabellos eran suaves y sus ojos brillaban con gran ternura y dulzura – ¡vamos! El viejo los está esperando – Dijo el animalito - ¿a nosotros? – Contestó Francesca al no comprender cómo es que los esperaban si ni siquiera sabían qué hacían ahí – sí a ustedes, caminen – Dijo el puercoespín al adelantarse y marcarles el camino. Al llegar frente aquel señor el puercoespín se enrolló y se fue rodando dejando a los hermanos solos frente a él - ¿SON USTEDES? – preguntó el viejo, aunque su tono fue más como un regaño – sí, no, no sabemos – Dijo Sebastián - ¡Son ustedes! – añadió el viejo bajando el tono de voz y cambiando su humor de manera repentina, al mismo tiempo que el cielo se despejó y rayos de luz iluminaban el lugar haciendo crecer árboles color rosado y violeta; también su suéter cambió, ya que ahora se veía tecnicolor y su cabeza volvió a un color carne al mismo tiempo que encogía llegando a un tamaño pequeño; su nariz no cambió, seguía siendo enorme. – ¡tardaron años en llegar! – Comentó el viejo mientras una gran sonrisa se dibujaba en su cara – ¿llegar? ¿De dónde? – Preguntó Francesca - ¡llegar, irnos, seguir, detenernos, siempre nos hablan como si supiéramos y no sabemos nada! – Se quejó Sebastián al estar harto de todo aquel circo que se armaba en un lugar que no conocían - ¿y eso te molesta niño? ¡No tienes idea de nada, no se entonces que hacen AQUÍ! – dijo el viejo remarcando el “aquí” al mismo tiempo que su suéter creó un remolino de colores y un fuerte viento sacudió a los hermanos - ¡Nosotros tampoco lo sabemos! Y si dejaran de pretender que lo sabemos entonces podríamos saberlo, si no ¡quién sabe cómo saber algo que no sabemos! – contestó Sebastián mientras se daba cuenta del embrollo que armó con las palabras, lo que ocasionó que el viejo soltara una enorme risa, de inmediato los colores en su suéter volvieron a la calma y los vientos se calmaron. – Creo que sólo es cuestión de recordar un poco – dijo el viejo mientras bajaba del caracol y se acercaba a Sebastián, una vez frente a él le dio unos golpecitos en la cabeza – ahí dentro está la respuesta, que a caso ¿no reconocen nada de esto? – Pregunto el viejo mientras con sus manos extendidas mostraba el lugar – pues a decir verdad, no – respondió Sebastián – esto va a ser más tardado de lo que pensaba - Dijo el viejo mientras se sentaba frente a los dos – Francesca, tal vez tú recuerdes esto –comentó mientras recogía un puño de arena y lo expandía sobre el suelo creando una espiral donde se comenzaba a reflejar una pequeña niña la cual era muy parecida a Francesca y la cual cargaba un perrito de peluche, la niña estaba parada a un lado de un columpio, observándolo, y de pronto un ruiseñor se paró sobre este y comenzó a hablar con la niña por lo que Francesca se quedo azorada al ver esa escena – es… mi sueño favorito – Dijo mientras seguía observando – pues yo sigo sin entender – Dijo Sebastián ocasionando que de un suspiro el viejo desvaneciera lo que le mostraba a Francesca – Este lugar es el inicio – Dijo el viejo – ¿El inicio? – Pensó Francesca – Aquí es donde la realidad pasa a segundo plano y se vuelve subjetiva, donde no hay límite para imaginar y sobre todo, donde puede ser tu mejor nicho así como el lugar a donde no quisieras volver nunca – Agregó el viejo mientras se subía nuevamente al caracol azul - quieres decir que aquí es… esto es ¿un sueño? – Replicó Francesca a lo que hizo reaccionar a Sebastián - ¿un sueño? ¡Sí, seguro lo es! Sólo tenemos que despertar Francesca… ¿o tengo que despertar?… ¿o tienes que despertar?... no entiendo nada – Dijo Sebastián mientras se dejo caer en el suelo, junto a un mono, con las piernas cruzadas y sus codos recargados en estas sosteniendo su cara – Esto no es un sueño, niño tonto, esto es tan real como irreal, todo esto es el Mundo del Revés; mi nombre es Sué y soy el guardián de Happity Forest, el lado luz de Revés – Explicó Sué – ¿el lado luz? – Preguntó Francesca – Así es; mi hermano, Nos, es guardian de Lagoon Shadow, el lado sombra y los dos estamos en un ¡terrible aprieto! Ya que el caos ha gobernado este mundo, ha sido horrible – Dijo Sué mientras soltaba un sollozo – el universo se ha desequilibrado y si no vuelve el balance no quiero ni imaginar lo que podría pasar, por eso los mandé llamar, ustedes podrán encontrarlo y traerlo de vuelta antes que la máquina viajera se estropee y la existencia quede sin sentido – dijo Sué – pero, ¿encontrarlo? ¿A quién? – Preguntó Sebastián – Al Capitán Fhuzker du Mora, el atrapa sueños; él desapareció y es el único que puede controlar a la máquina, si nadie la controla simplemente dejará de funcionar y nadie nunca más podrá soñar de nuevo – comentó Sué con un tono preocupado y desesperado - ¿nadie podrá soñar de nuevo? – Pensó Sebastián - ¡claro! Por eso no habíamos soñado nada desde tiempo atrás – Dijo dirigiéndose a Francesca quien ya había comprendido el por qué de la ausencia de sus sueños.