lunes, 25 de abril de 2011

El guardián engreído 2.2

Han llegado un poco tarde, pero nada que no esté planeado – ¿Ustedes ya lo sabían? – preguntó Francesca - ¡Claro que lo sabíamos! Nosotros TODO lo sabemos muchachita – gruñó Puno al escuchar tal incoherencia, por lo que Francesca simplemente bajó su mirada y evitó hablar nuevamente – Bueno pero qué gruñón te has vuelto Puno, el tiempo sí que ahueca tus raíces – dijo Medis al ver los desplantes de aquel viejo árbol – esperen un poco – dijo Khe mientras comenzaba a sacudirse. Sus hojas se movían de un lado a otro hasta que un mono cayó al suelo. El mono sobaba su espalda y de una bolsa frontal, cual canguro, sacó un pedazo de papel y se lo dio a Khe, después volvió a trepar por él y se escondió entre sus ramas. – miren, esto fue lo que encontramos – dijo mientras daba el papel a Woo y este lo leyó en voz alta – “DEL BOSQUE QUE VEA PUNTO DEL BLANCO SERÁN SU CAMINO” – se quedaron en silencio pensando lo que podría significar, pero nadie podía comprender una sola palabra. Mientras pensaban en el posible significado de aquel recado, un rayo de luz paso por en cima de todos dejando una estela brillante en el cielo negro. – la primer llamada – dijo Medis – ¿y eso qué significa? – preguntó Sebastian – Significa que es tiempo de ir hacia Kátompo, ahí deberán encontrarse con Crón y él les dará el poder lunar cuya sabiduría los guiará para encontrar al atrapasueños – Dijo Khe mientras en el centro de los tres árboles la tierra formaba una espiral marcada en una puerta sobre el suelo, misma que se abría, dejando ver unas escaleras que bajaban. – Vayan y llegarán al bosque Transmuto, ahí deberán encontrarse con los Odor quienes los llevarán al puerto y zarparán a las tierras de Kátompo – Dijo Medis mientras Francesca, Sebastian, Woo y Dozeld se preparaban para bajar por las escaleras. – Pero tengan cuidado, el bosque no le gusta permanecer quieto, su mejor forma de ubicarse será con el murmullo de los manolianos- Dijo Khe mientras los cuatro entraban en la penumbra de aquella puerta. De repente la puerta se cerró y los cuatro seguían bajando las interminables escaleras, Dozeld alzó la mirada donde estaba la puerta pero en su lugar vio nubes color azul índigo. Mientras bajaban pudieron sentir un pequeño temblor que sacudía un poco las escaleras al mismo tiempo que veían cómo los árboles de aquél bosque se levantaban y corrían de un lugar a otro cambiando su posición y enterrándose nuevamente en la tierra. Después de bajar tantas escaleras por fin pudieron pisar tierra firme – Ahora debemos buscar a los Odor – Dijo Woo, lo que provocó que entre la oscuridad del bosque se escucharan murmullos – Esos deben ser los murmullos que dijo Khe creo vamos entonces por buen camino – Dijo Francesca mientras seguían caminando – Vamos rata, ¡te reto! – dijo Sebastian a Dozeld - ¿tú? ¿retarme a mí? ¿En qué podrías tú pelele ganarme a mí? – dijo Dozeld con un tono de burla – ¡pues fácil! Mis piernas son largas y tus patas apenas si se ven, pero eres bueno para excavar así que podríamos correr hacia ese árbol y el primero que llegue será el esclavo del otro, ¿qué dices rata? Necesito de alguien que me ventile mientras duermo – Dijo Sebastian mientras apuntaba un árbol pequeño que se encontraba como a treinta metros de distancia – ¡Pues ya llevo ventaja! – grito Dozeld al meterse en la tierra y comenzar a cavar - ¡Espera rata tramposa! – Dijo Sebastian al salir corriendo lo más rápido que podía - ¡Hey, dejen de jugar par de tontos! – Gritó Woo en tono molesto cuando de pronto la tierra comenzó a temblar, los árboles sacaban sus raíces de la tierra y comenzaron a correr de un lado a otro, por lo que Francesca dio un enorme grito - ¡Agárrate de mí con todas tus fuerzas! Ordenó Woo a Francesca. Unos metros más adelante Dozeld salió del hoyo que cavaba de un salto y al ver a todos aquellos árboles correr como locos de un lado a otro también se puso a correr sin rumbo fijo. – ¡Dozeld, espera no corras! - Gritaba Sebastian al ver cómo se aterrorizaba y mientras, entre los árboles que corrían frente a sus ojos trataba de visualizar a Dozeld y a Francesca y Woo, pero esos árboles se movían rápido y chocaban entre ellos tapando con sus ramas toda visión posible. Al ver un enorme árbol que venía directo a Sebastian, este no tuvo remedio más que salir corriendo y protegerse. En medio de aquel tumulto, Sebastian esquivaba las ramas y raíces que pasaban junto a él, pero eran tantas que una vieja rama pegó directo en su pecho haciéndolo caer. En el suelo, recogió su cuerpo y con sus manos tapaba su cabeza para evitar ser aplastada. Después de un momento todo se tranquilizó y nuevamente el bosque quedo en completo silencio. Sebastián quitó sus manos de su cabeza, abrió sus ojos, se levantó y pudo ver que esa serenidad era hasta cierto punto aterrorizante, ya que podía escuchar cómo su propia respiración hacía un ligero eco. Dio un vistazo rápido alrededor de él y notó que estaba completamente sólo. - ¡Francesca! – gritó nervioso - ¡Dozeld! – gritó nuevamente -¡Woo! – grtió con todas sus fuerzas, pero parecía que había corrido kilómetros porque no podía escuchar respuesta alguna. - ¡Francesca! – volvió a gritar ya con un tono desesperado y angustiado – ¿puedes bajar tu chillona voz? – se escuchó de repente - ¿Quién dijo eso? – preguntó Sebastian mientras volteaba a todos lados en posición de combate - ¿De verdad eso es una postura para pelear? – Dijo burlándose de cómo Sebastian empuñaba sus manos y las pegaba a su pecho - ¡Sí, y deberías acercarte para que veas lo bien que sirve mi postura! – Dijo Sebastian mientras se giraba para ver por todos lados, pero en cuanto giro su cabeza hacia su lado derecho, pudo ver una enorme boca con unos dientes amarillentos y afilados - ¿Así? – dijo aquella cosa haciendo que Sebastian pegara un grito aún más fuerte que cuando buscaba a Francesca. El pobre salió corriendo y se escondió tras un árbol. Cuidadosamente se asomó para ver qué era esa enorme cosa pero no vio nada - ¿A esto llamas esconderse? – dijo burlándose de la actitud de Sebastian, lo que hizo que saliera corriendo de ahí y cayera al suelo y al ver hacia el árbol donde estaba no pudo ver nada – Bueno ya me canse de jugar, ¿Seguirás corriendo como ratón? – preguntó detrás de Sebastian, quien rápidamente se giró. Aquella persona tenía el cuerpo de un niño de diez años, delgaducho y con pies pequeños, sus brazos eran tan largos que con sus manos tocaba el piso, como si fuera un simio, su cabeza era de gran tamaño, sus ojos eran pequeños y completamente blancos; su boca casi abarcaba toda su cara, se podían ver sus dientes amarillentos y afilados como si fuera una piraña, era de un tono muy bronceado y su cuerpo sólo era tapado por unas hojas alrededor de su cintura, cual tapa rabos, pero tenia marcas de pintura roja sobre su cuerpo, como símbolos que podían significar algo. -¿Quién eres? – preguntó Sebastian mientras se ponía de pie – Aquí todo mundo sabe quién soy – respondió con una actitud soberbia – Pues aquí yo no veo a nadie – respondió Sebastian – No aquí aquí tonto, me refiero a aquí en todo el bosque – respondió alzando la voz – entonces si conoces bien este bosque ¿me podrías ayudar a encontrar a mi hermana y mis amigos? – preguntó Sebastian para ver si él podía ayudarlo – ¿Te refieres a Francesca, Dozeld y Woo? – Preguntó – sí, ¿cómo es que los conoces? – cuestionó Sebastian – Tu corazón me lo ha dicho. No hay mejor confidente que tus propios sentimientos, ellos siempre me cuentan todo. Me dicen que Francesca es tu hermana y que los dos están buscando al Atrapasueños. También me dicen que eres un niño insolente y mal educado porque siempre te diriges a las personas sin siquiera preguntar sus nombres – contestó con un tono molesto ante la grosería de Sebastian – discúlpame, es que con todo este enredo, olvido mi educación – dijo Sebastian – Mi nombre es Nox y son el guardián de Transmuto. Y sobre tu hermana y demás, ellos están a salvo. Han llegado a la aldea de los Odor y justo ahora están planeando venirte a buscar – dijo Nox - ¿justo ahora? ¿Cómo lo sabes? - ¡Sólo lo sé y deja de preguntar que aquí el intruso eres tú! – gritó Nox en tono molesto – si bien te portas podré ayudarte pero si no obedeces serás un árbol más que corre por el resto de tu vida – dijo Nox mientras se desvanecía hasta desaparecer. - ¡No te vayas, espera! – dijo Sebastian - ¿Ahora cómo regresaré con Francesca? – pensó mientras no sabía qué camino tomar. Al encontrarse rodeado de árboles era muy difícil tomar una decisión – Tal vez, podrías rogarme – Se escuchó sólo la voz de Nox – ¿Rogarte? ¡Yo jamás ruego! – contestó Sebastian molesto por aquella petición – bueno, como quieras muchachito, en poco tiempo estos viejos árboles comenzarán su carrera y créeme que necesitas de mi como de nadie más – Se escuchó mientras esa voz se alejaba – No, no, espera, está bien… ¿podrías ayudarme? – preguntó Sebastian al sentirse desesperado de estar en medio de la nada – me estás preguntando no rogando, ¿qué tu cabeza si está tan hueca? – Dijo con un tono arrogante – vamos ¡ruegame! – gritó a Sebastian – Por favor llévame con mi hermana y los demás, te lo suplico – dijo Sebastian ya muy desesperado y casi al borde del llanto – Es tan sencillo suplicar al guardián del bosque y tú que te tardas tanto – contestó Nox mientras aparecía frente a él. Tomó a Sebastian de la mano y lo llevó detrás de unos árboles que estaban a su izquierda, al cruzar el cuarto árbol salió del bosque aquel y llegó a una pequeña aldea - ¿estábamos a cuatro árboles de esta aldea? Debes estar bromeando – dijo mientras notaba que Nox ya había desaparecido. Sebastian caminó hacia una choza que estaba por la orilla de lo que parecía ser un mar, tocó la puerta y al abrir, una nariz gigante con pies estaba detrás de esta, lo que hizo que Sebastian diera un gran grito - ¿Sebastian? – se escucho la voz de Francesca – No era mi intención asustarte, lo siento – dijo la enorme nariz a Sebastian mientras le indicaba el camino al comedor de la choza. Ahí sentados, comiendo, estaban Francesca, Dozeld y Woo – Oigan, yo muerto de hambre y ustedes comiendo – dijo Sebastian ya feliz de haberlos encontrado, corrió a sentarse en la mesa, tomó el plato más cercano y con sus manos tomo lo que había dentro dando un enorme bocado – Esto es delicioso – dijo Sebastian mientras comía – Señora, el es mi hermano – Dijo Francesca presentándolo con aquella enorme nariz – pero pobresillo, se ve que estuvo muy hambriento allá fuera en el bosque – Dijo mientras se acercaba a una vieja caldera donde calentaba más comida y mientras Woo y Dozeld lo veían comer desesperadamente dejándolos sin habla - ¿Quieres un poco más pequeño? – pregunto la señora ofreciéndole otro plato de aquello - ¡Seguro! ¿y qué es esta cosa tan deliciosa? – preguntó Sebastian sin dejar de comer – Es una receta que preparaba mi abuela, es fácil, solo tienes que mezclar en agua de pantano unos cuantos corazones de rana, escamas de cocodrilo, unos huevecillos de hormiga y lo sazonas con olvidos – Dijo la señora haciendo que inmediatamente Sebastian dejara de comer y diera el ultimo trago que tenia en su boca, después de esto no le quedaron más ganas de seguir y retiro su plato, por lo que los demás, que aún no probaban la comida, también retiraron sus platos – ¿Entonces en cuanto las campanas suenen es buen tiempo para zarpar? – preguntó Woo – Así es, el señor se encargará de tocar las campanas, pero por ahora podrán descansar – Dijo la señora mientras buscaba algunas frazadas para cobijarse. En ese instante, Sebastian recordó lo que le había dicho Nox sobre preguntar los nombres – Disculpe señora, ¿cómo se llama? – preguntó de una manera amable, a lo que los demás se le quedaron viendo extrañados de tal actitud – Así mismo, señora. En esta aldea todos nos llamamos señor y señora – contestó la señora - ¡Aquí están! – Dijo mientras sacaba las frazadas del baúl donde las buscaba – tengan con esto podrán pasar la noche calientitos y mañana en cuanto escuchen las campanas podrán zarpar – Dijo la señora. Les dio las frazadas y subió las escaleras para irse a su recámara a dormir. - ¿Te sientes bien? – preguntó Dozeld al no poder soportar la curiosidad de aquel cambio radical de Sebastian – Sí, de maravilla amigo – contestó Sebastian mientras se acomodaba para dormir. Los demás veían cómo se quedaba dormido y se acomodaron para descansar por esa noche.

Al día siguiente, el sonido de las campanas despertaban a Sebastian, quien ya sentia algo en cima de él que le picaba los ojos y la nariz, al abrir los ojos, vio a Dozeld sobre su pecho quien parecía estar examinándolo - ¿Qué haces? – pregunto Sebastian mientras se levantaba. Dozled se bajó de él y se alejó poniéndose en posición de ataque - ¿te encuentras bien Dozeld? – preguntó Sebastian extrañado - ¡Ajá! Tú siempre me llamas rata ¿Quién eres impostor y qué hiciste con Sebastian? – preguntó Dozeld sin dejar su postura – Creo que esa sopa rara te afectó la cabeza – Dijo Sebastian mientras se ponía de pie. Despertó a Francesca y Woo y salieron de la choza. Afuera, muchos señores y señoras Odor hacían sus cosas, todos eran idénticos, la diferencia es que los señores usaban pantalón y las señoras vestido. – miren el señor los ayudará a prepararse para el viaje – Dijo la señora que justo salía de su choza mientras un señor se acercaba a ellos – De hecho ya está listo el barco, todo lo que necesitan está ahí dentro, así que en cuanto lo deseen pueden partir, sólo hay unas indicaciones que debo decirles antes. El mar es tan denso que algunas veces es imposible navegar en él, simplemente esperen y volverán a moverse, por nada intenten empujarse con algo porque eso disgustará al mar y no querrán saber que podría pasar – dijo con un tono amenazador – Otra cosa, en cuanto escuchen los cantos de las sirenas jalen la palanca que hemos puesto en el cuarto de mando, eso los sumergirá y podrán seguir por abajo, ya que en estos tiempos las sirenas tienden a volar, así atrapan más fácil a sus presas – Dijo mientras todos ponían atención a cada palabra que el señor pronunciaba. Una vez dichas las indicaciones caminaron hacia el puerto y subieron a aquel barco, el cual era inmenso, como si fueran a viajar mil tripulantes, color blanco y si se comparara con un auto podría decirse que era uno deportivo y elegante. Los cuatro subieron a bordo y comenzaron su viaje a las tierras de Crón, Kátompo. Mientras estaban en popa Sebastian sintió algo raro, como un mareo por lo que Dozeld le tomó de la mano - ¿estás bien Sebastian? – preguntó Dozeld – sólo me mareé un poco, no te preocupes rata – Dijo a Dozeld por lo que éste reconoció que otra vez era el mismo Sebastian de antes. Ambos voltearon hacia el puerto y ahí se encontraba Nox riendo a carcajadas, por lo que se dieron cuenta que aquella amabilidad provenía de Nox quien estaba controlando los sentimientos de Sebastian.

jueves, 30 de diciembre de 2010

El guardián engreído 2.1

-¿Cómo cruzaremos al otro extremo? – pregunto Francesca al no ver manera de ir al otro lado - ¿De verdad no lo sabes? – preguntó Dozeld mientras de entre la arena recogía unos tréboles – ¡Esos son tréboles de cuatro hojas, pero que suerte tienes pequeña rata! – dijo Sebastián al darse cuenta de tal tiro de suerte – tu qué sabes de la suerte si no eres más que un incrédulo – contestó Dozen mientras seguía recogiendo los tréboles. Cuando juntó algunos en sus manos, se pudieron dar cuenta que además de tener cuatro hojas cambiaban de color, entonces Dozen comenzó a repartir uno a cada uno – con esto podremos pasar sin problema alguno – dijo mientras mordía el tallo del trébol que tenia en sus manos –vamos, coman el tallo de los tréboles – dijo mientras seguía masticando. Todos comieron los tallos y nada pasaba – gran idea – dijo Sebastián entre dientes y en tono de burla cuando un viento comenzaba a soplar, haciendo que la arena se fuera desvaneciendo del piso donde estaban parados, dejando ver miles de tréboles que cambiaban de color. Mientras el viento rozaba sus hojas provocando que el sonido formase una melodía; era una melodía que con el simple hecho de escucharla provocaba mover tu cuerpo y bailar, entonces los cuatro comenzaban a moverse aparentemente sin ritmo pero dejándose llevar por aquel agradable sonido, eran silbidos del viento combinados con el golpe que hacían con sus pies y con el campaneo que se escuchaba al chocar hoja con hoja; el viento cada vez era más fuerte y ellos cada vez se sentían más ligeros, como si sus pies dejaran de tocar el suelo y como si flotaran sobre aquella enorme cama de tréboles; sus sentidos se agudizaban y podía escuchar cómo un “poom…poom” cada vez era más fuerte. A lo lejos se podía ver una nube de tierra que se acercaba a ellos – ¡aquí vienen! – dijo Dozeld al momento que todos volteaban para ver que esa nube de tierra era una manada de seres extraños, eran como enormes antílopes rayados como cebras pero color púrpura con cuernos medianos que destellaban como si estuvieran hechos de estrellas; sus patas eran tan largas que los hacia ver más altos de lo que eran, tal vez estas median 5 metros y eran tan delgadas que parecían torpes al caminar; venían corriendo hacía ellos provocando un gran viento que comenzaba a sacudir a todos los tréboles – Tomen las cuatro hojas de su trébol y sujétenlas como si fueran sombrillas, ellos harán el resto – dijo Dozeld. Todos tomaron su trébol con una mano como si fuera sombrilla y el viento creo una explosión en las hojas; polvo brillante salió de estos, como si fuera un polvo hecho de diamantes molidos y fue entonces cuando su tamaño se incremento, esas pequeñas hojas ahora eran tan grandes que fácilmente podían llevarlos por el viento que golpeaba su interior, tal como una sombrilla que te arrastra por el viento fuerte. Todos comenzaron a elevarse y a avanzar; el suelo se alejaba y estaban sobrevolando aquel precipicio sin fondo. Al pasar del otro lado las hojas volvieron a su tamaño normal haciendo que cayeran al suelo de golpe seco. Al momento de caer era como aterrizar en un tumulto de plumas, ese suelo era suave como un enorme algodón lo que provocó la risa de todos. - ¿De qué reirán? – se escuchó un murmullo – Supongo que están desquiciados – decía en voz baja - ¡No digas tonterías, aquí el único desquiciado es el viejo! – susurró mientras reían en voz baja - ¡dejen de decir incoherencias, que no ven que son los niños! – dijo con voz muy baja para no causar curiosidad -¿Escucharon eso? – Dijo Sebastián mientras callaba a los demás - ¿Qué cosa? – pregunto Woo al poner atención y no escuchar más que los crujidos de los árboles que los rodeaban – Creo que ya estás perdiendo la razón – Dijo Dozeld – supongo que sí – contestó Sebastián algo preocupado – pues si es así ya lo estás entendiendo – contestó Dozeld al sentirse feliz porque Sebastián ya estaba comprendiendo que en ese lugar cualquier cosa podía pasar.

Se pusieron de pie para seguir su camino y se adentraron al bosque de árboles redondos. Al adentrarse podían sentir cómo alguien o algo los observaba, a veces sentían que los veían de lejos y otras veces muy de cerca, al llegar al centro del bosque notaron que se formaba un triángulo formado sólo de tierra, no había nada sobre ese triangulo, entonces se detuvieron para pensar qué camino tomar. Francesca pudo notar que en cada punta del triangulo formado había un enorme árbol de tronco muy grueso, eran diferentes a todos los demás árboles que habían en el bosque. Ese lugar era muy tranquilo y les provocaba un sentimiento de paz – creo que ya pronto anochecerá – dijo Dozeld al ver que el cielo se iba tornando negro – Sí, creo es mejor que descansemos un poco y mañana en cuanto Minze prenda la luz volvemos a nuestro camino – dijo mientras se recostaba en el suelo preparándose para dormir - ¿Quién es Minze? – pregunto Francesca – Minze es el iluminador del día, ¿o de verdad crees que el Sol queda prendido aún de noche? – Dijo Woo mientras se recostaba junto con Dozeld. Francesca sólo vio a Sebastián y evitó seguir preguntando, así que los dos se rejuntaron con Dozeld y Woo para poder dormir un poco.

- ¿Crees que estén dormidos? – preguntó – ¡Que si lo están, ve nada más el ruido que hacen! – dijo el otro mientras se disgustaba por tal escándalo - ¡Cállense viejos testarudos, les he dicho que son los niños! – contestó el más viejo - pues para mi no son más que ¡intrusos! – dijo en voz alta - ¡los despertarás, baja la voz! – respondió - ¡Cómo quieres que baje la voz si son INTRUSOS! Vienen a terminar con nuestro bosque, ¡Te lo he dicho antes! llegó el día en que nos encontramos con el fin, y ustedes que no me hacen caso, ¡deben irse de nuestro bosque! ¡intrusos! – gritaba mientras se disturbaba por la presencia de Francesca y Sebastián - ¡QUE TE CALLES! – gritó tan fuerte que los árboles de alrededor se encogían con temor metiéndose debajo de la tierra y dejando todo un llano desolado, lo que provocó que los cuatro despertaran algo asustados por aquel enorme estruendo. Al ver que no había nada más que el triángulo de tierra y los tres árboles Sebastián se asusto tanto que gritaba de manera tal que los tres árboles soltaron tremenda carcajada. Al ver que los árboles reían Francesca y Sebastián corrieron tras Woo para esconderse junto con Dozeld. – No se asusten, disculpen mi manera de despertarlos pero este viejo es un patán – se disculpó el árbol central que era el más viejo de los tres – mi nombre es Khe, él es Medis y aquel viejo rabioso es Puno, somos la trinidad del cosmos – se presentó – Nosotros somos - - Francesca… Sebastián… Woo… y aquel pequeño debe ser Dozeld – interrumpió Khe mientras iba señalando a cada uno como si ya los conociera - ¿Cómo sabes quienes somos? – Pregunto Dozeld un poco temeroso - ¿Qué parte de ‘la trinidad del cosmos’ no te quedo claro pequeño amiguito? – contestó Puno en forma de sarcasmo lo que ocasionó que Dozeld ya no hiciera más preguntas – Discúlpenlo, desde que el atrapa sueños dejó a la máquina viajera todo mundo está vuelto loco – dijo Medis para tranquilizar un poco aquel ambiente de tensión -

lunes, 16 de agosto de 2010

Capitulo 2 "El guardián engreído”

Los tres caminaban y se iban alejando poco a poco de aquel lugar donde se encontraba Sué - ¿entonces te llamas Woozen? – Preguntó Sebastián al no recordar muy bien su nombre – No, mi nombre es Wooldern, pero solamente llámenme Woo – Contestó mientras seguían caminando – ¿y eres un guerrero? – Preguntó Sebastián – Si, pertenezco a una generación de guerreros – contestó ya un poco irritado – ¿Y aquí hay guerras? – Preguntó nuevamente – Sí, desde la existencia de la nada se ha discutido el poder entre la luz y la oscuridad – contestó aún más irritado - ¿Desde la exis…? - No concluyó Sebastián al ver que Francesca movía su cabeza en desacuerdo, por lo que un silencio envolvió a los tres. Siguieron su camino hasta llegar a un punto donde toda vegetación se había ido, sólo había arena muy fina color negra, como si fuera un desierto, pero el clima era muy agradable, ni calor ni frio, el viento soplaba y creaba oleajes en la arena, -¿qué es este lugar? – pregunto Francesca al ver que aunque no había más que arena era hermoso y tranquilo – Esto es El minutero del Vacío, aquí es de donde parte lo que ustedes conocen como el tiempo, cada grano de esta arena negra es un segundo transcurrido de la existencia de la mente – Explicó a los hermanos mientras ellos simplemente observaban anonadados – pero bueno, sigamos el camino que tenemos que cruzar antes que comience otra vez – dijo Woo adelantándose unos pasos. Al poner un pie sobre la arena sintieron algo extraño, ya que la sensación al pisarla era como si caminaras sobre agua, pero sin hundirte. Al llevar camino recorrido se escuchó un enorme estruendo que hizo parar a Woo - ¡Rápido! Agárrense de mí – dijo mientras con su largo pelaje los cubría y se encorvaba para proteger a los hermanos. Pronto, fortísimos vientos comenzaban a rodearlos, como si vinieran miles de tornados hacia ellos; la arena se alzaba y comenzaba a formar un remolino en el cielo con los tres en medio; de repente todo se calmó, no se escuchaba más que la respiración agitada de los tres, el cielo era completamente negro y el suelo donde ellos pisaban era color blanco. Woo tomó fuertemente a los hermanos y cerró sus ojos cuando sin más ni más cayeron de golpe ya que ahora el cielo era el suelo y el suelo era el cielo, había cambiado de lugar. Al caer, provocaron que la arena se moviera como una ola y los llevara de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, una y otra vez haciendo que Francesca se mareara. La arena nuevamente se tranquilizó - ¿Qué fue eso? – Preguntó Francesca mientras tomaba aire para calmar su mareo – Vaya que desde que desapareció el atrapa sueños estas lagunas temporales son más agresivas – comentó Woo mientras veía el horizonte para ubicar el punto en el que estaban – Ahora, ¿hacia dónde debemos seguir? – Preguntó Sebastián mientras también veía al horizonte – Esto no tomará más que unos segundos… - Dijo Woo esperando – Listo, ahí está – Dijo apuntando a un pequeño agujero que apenas si se percibía desde donde estaban ellos - ¿Ahí está qué? – Preguntó Francesca al no ver nada – No seas impaciente, es muy difícil construir túneles en este tipo de arenas – comentó Woo mientras seguía observando - ¿túneles? – preguntó Sebastián mientras medio cerraba sus ojos para ver si a lo lejos podía ver algo y efectivamente pudo notar que se iba formando una línea de arena y que iba acercándose a ellos. Al llegar hasta donde estaban los tres, de un tumulto de tierra que se formó salió Dozeld - ¡Dozeld! – Dijo Francesca con admiración y alegría – ¡Niña y Niño! – Respondió igualmente alegrado de verlos - ¡Vamos, tenemos que seguir porque no queremos otra laguna temporal ¿cierto? – Comentó Dozeld mientras comenzó a caminar en sentido contrario a ellos - No creo que sea por ese lado, de allá venimos – Dijo Sebastián al no estar seguro que aquel fuera el camino correcto – No, yo digo que es por acá y es por acá – respondió Dozeld – Pero por allá venimos, entonces vamos a regresar – Argumentó Sebastián mientras Woo y Francesca sólo veían como comenzaban a discutir - ¡Te digo que no niño! ¿Cómo te atreves a dudar de mi sentido de orientación, a caso te comieron la lengua los castores? - ¡Ratones! – Corrigió Sebastián - ¡Ratones, castores, ambos son roedores y huelen mal! – Dijo Dozeld ya molesto por las contradicciones de Sebastián – ¡Además no tiene sentido esa frase con tu orientación! – Agregó Sebastián - ¡¿Ahora me hablas de sentido?! ¡El único con sentido soy yo, y mi sentido me dice que es por allá! – Gritó Dozeld mientras señalaba hacía el camino a espaldas de Sebastián - ¡¡¡Basta!!! – Gritaron al mismo tiempo Francesca y Woo al ver que su pelea no los llevaba a ningún lado – Sigamos el camino que dice Dozeld, el conoce mejor el lugar que ninguno – Dijo Woo mientras se adelantaba para comenzar a caminar – Pero… ¡está bien! Pero si regresamos a donde mismo habrá rata asada – comentó mientras veía con ojos retadores a Dozeld – ¡Sebastián! – Dijo Francesca en tono de regaño para aplacarlo. Los cuatro siguieron el nuevo camino que había marcado Dozeld y al poco tiempo llegaron al borde donde había un precipicio, tan profundo que no se veía el fondo y el cual separaba el suelo. Del otro lado se podía ver un pequeño bosque con árboles de tronco liso y ramajes completamente redondos; eran de varios tamaños y colores y si ponían atención se podía escuchar una melodía a lo lejos.

Happity Forest 1.3

– ¿y cómo hacemos para encontrarlo? – Preguntó Francesca mientras Sebastián veía al mono sacar y sacar monedas de aquel hoyo en la arena, estiró su mano para tomar una de esas monedas – yo no haría eso si fuera tú – Dijo una llama gigante, color negra, de pelo largo, ojos brillantes y blancos, como si fuesen de diamante y un extraño símbolo rojo tatuado en su frente que estaba echada cerca de él, provocando que de inmediato alejara su mano de las monedas del mono – es muy difícil tranquilizarlos, esta es la única manera de tenerlos ocupados, no sabes lo agresivos que son – agregó la llama, Sebastián sin decir una palabra solamente sonrió y siguió poniendo atención a lo que Sué decía – cuando desapareció no dejó más que una nota tallada en un árbol que decía: “¿SERÉ BUENO PARA TREPAR POR LA PARED? ¿O PARA CAER SIN RED? ¿SERÉ BUENO PARA DANZAR SIN CAER? ¿O DESAPARECER EN UN, DOS POR TRES? MIENTRAS LO DESCUBRO ESTARÉ EN MI MUNDO DONDE ARRIBA ES ABAJO Y EL TIEMPO ES CONGELADO... INVISIBLE... INTANGIBLE... SUCEPTIBLE... PREDECIBLE... A MIS PIES Y A TRAVÉS” – Dijo dejándolos aún más confundidos - ¿eso es entonces una pista? – preguntó Sebastián al no comprender una sola palabra de lo que mencionó Sué – Pista, código, jugarreta, como quieras llamarlo, lo que sí es que necesitamos encontrar al Capitán lo antes posible – comentó a los hermanos – pero no los dejaré solos, siempre estará acompañándolos Wooldern – Agregó mientras aquella llama que descansaba cerca de los monos se ponía de pie y se acercaba a ellos – Él es mi fiel guerrero y protector; los ayudará en la búsqueda del Capitán y los protegerá de todo peligro – Dijo Sué presentando a aquel animal - ¿peligro? – preguntó Francesca con un tono preocupado – No se preocupen por esta parte, sólo recuerden que su mente puede ser su mejor aliado como su peor enemigo, nada de aquí es lo que parece y todo aparece de la nada – Aconsejó mientras su enorme suéter se coloreaba de un naranja claro y todo aquel paisaje reverdecía con flores tan extrañas pero hermosas a la vez, árboles retorcidos y con aroma en sus rocíos y sobre todo arbustos que murmuraban y reían silenciosos.

martes, 27 de julio de 2010

Happity Forest 1.2

- ¡Que bueno que han llegado! – se escuchó una voz cerca de los hermanos, por lo que buscaron de donde provenía y se dieron cuenta que bajo a sus pies había una bola espinada, la cual se desenvolvió y era un puercoespín el cuál no parecía ser de gran edad, ya que sus espinoso cabellos eran suaves y sus ojos brillaban con gran ternura y dulzura – ¡vamos! El viejo los está esperando – Dijo el animalito - ¿a nosotros? – Contestó Francesca al no comprender cómo es que los esperaban si ni siquiera sabían qué hacían ahí – sí a ustedes, caminen – Dijo el puercoespín al adelantarse y marcarles el camino. Al llegar frente aquel señor el puercoespín se enrolló y se fue rodando dejando a los hermanos solos frente a él - ¿SON USTEDES? – preguntó el viejo, aunque su tono fue más como un regaño – sí, no, no sabemos – Dijo Sebastián - ¡Son ustedes! – añadió el viejo bajando el tono de voz y cambiando su humor de manera repentina, al mismo tiempo que el cielo se despejó y rayos de luz iluminaban el lugar haciendo crecer árboles color rosado y violeta; también su suéter cambió, ya que ahora se veía tecnicolor y su cabeza volvió a un color carne al mismo tiempo que encogía llegando a un tamaño pequeño; su nariz no cambió, seguía siendo enorme. – ¡tardaron años en llegar! – Comentó el viejo mientras una gran sonrisa se dibujaba en su cara – ¿llegar? ¿De dónde? – Preguntó Francesca - ¡llegar, irnos, seguir, detenernos, siempre nos hablan como si supiéramos y no sabemos nada! – Se quejó Sebastián al estar harto de todo aquel circo que se armaba en un lugar que no conocían - ¿y eso te molesta niño? ¡No tienes idea de nada, no se entonces que hacen AQUÍ! – dijo el viejo remarcando el “aquí” al mismo tiempo que su suéter creó un remolino de colores y un fuerte viento sacudió a los hermanos - ¡Nosotros tampoco lo sabemos! Y si dejaran de pretender que lo sabemos entonces podríamos saberlo, si no ¡quién sabe cómo saber algo que no sabemos! – contestó Sebastián mientras se daba cuenta del embrollo que armó con las palabras, lo que ocasionó que el viejo soltara una enorme risa, de inmediato los colores en su suéter volvieron a la calma y los vientos se calmaron. – Creo que sólo es cuestión de recordar un poco – dijo el viejo mientras bajaba del caracol y se acercaba a Sebastián, una vez frente a él le dio unos golpecitos en la cabeza – ahí dentro está la respuesta, que a caso ¿no reconocen nada de esto? – Pregunto el viejo mientras con sus manos extendidas mostraba el lugar – pues a decir verdad, no – respondió Sebastián – esto va a ser más tardado de lo que pensaba - Dijo el viejo mientras se sentaba frente a los dos – Francesca, tal vez tú recuerdes esto –comentó mientras recogía un puño de arena y lo expandía sobre el suelo creando una espiral donde se comenzaba a reflejar una pequeña niña la cual era muy parecida a Francesca y la cual cargaba un perrito de peluche, la niña estaba parada a un lado de un columpio, observándolo, y de pronto un ruiseñor se paró sobre este y comenzó a hablar con la niña por lo que Francesca se quedo azorada al ver esa escena – es… mi sueño favorito – Dijo mientras seguía observando – pues yo sigo sin entender – Dijo Sebastián ocasionando que de un suspiro el viejo desvaneciera lo que le mostraba a Francesca – Este lugar es el inicio – Dijo el viejo – ¿El inicio? – Pensó Francesca – Aquí es donde la realidad pasa a segundo plano y se vuelve subjetiva, donde no hay límite para imaginar y sobre todo, donde puede ser tu mejor nicho así como el lugar a donde no quisieras volver nunca – Agregó el viejo mientras se subía nuevamente al caracol azul - quieres decir que aquí es… esto es ¿un sueño? – Replicó Francesca a lo que hizo reaccionar a Sebastián - ¿un sueño? ¡Sí, seguro lo es! Sólo tenemos que despertar Francesca… ¿o tengo que despertar?… ¿o tienes que despertar?... no entiendo nada – Dijo Sebastián mientras se dejo caer en el suelo, junto a un mono, con las piernas cruzadas y sus codos recargados en estas sosteniendo su cara – Esto no es un sueño, niño tonto, esto es tan real como irreal, todo esto es el Mundo del Revés; mi nombre es Sué y soy el guardián de Happity Forest, el lado luz de Revés – Explicó Sué – ¿el lado luz? – Preguntó Francesca – Así es; mi hermano, Nos, es guardian de Lagoon Shadow, el lado sombra y los dos estamos en un ¡terrible aprieto! Ya que el caos ha gobernado este mundo, ha sido horrible – Dijo Sué mientras soltaba un sollozo – el universo se ha desequilibrado y si no vuelve el balance no quiero ni imaginar lo que podría pasar, por eso los mandé llamar, ustedes podrán encontrarlo y traerlo de vuelta antes que la máquina viajera se estropee y la existencia quede sin sentido – dijo Sué – pero, ¿encontrarlo? ¿A quién? – Preguntó Sebastián – Al Capitán Fhuzker du Mora, el atrapa sueños; él desapareció y es el único que puede controlar a la máquina, si nadie la controla simplemente dejará de funcionar y nadie nunca más podrá soñar de nuevo – comentó Sué con un tono preocupado y desesperado - ¿nadie podrá soñar de nuevo? – Pensó Sebastián - ¡claro! Por eso no habíamos soñado nada desde tiempo atrás – Dijo dirigiéndose a Francesca quien ya había comprendido el por qué de la ausencia de sus sueños.

lunes, 26 de julio de 2010

Happity Forest 1.1

Aquellos arboles eran enormes y color rojo, al igual que el pasto donde estaban parados, pero este ambiente cambió de color de un momento a otro, de repente los arboles comenzaron a encogerse y a marchitarse, en el cielo se formaban nubes negras y un enorme grito rodeaba a los tres - ¡TE DIJE AHORA MISMO! – Se escuchó haciendo temblar a Dozeld y escondiéndose detrás de Francesca - ¿Qué fue eso? – Preguntó Francesca mientras se giraba para estar frente a Dozeld – ¡está… molesto! – Dijo mientras cavaba un hoyo y se metía en el - ¡AHORAAA!- Se escuchó otro grito más que hizo retumbar las nubes provocando un enorme trueno – ¡vayan y tranquilícenlo por favor! – Pidió Dozeld con un tono aterrorizado – ¿Nosotros? ¿Y cómo llegamos a él? – Preguntó Sebastián – sigan el olor a cereza verde, cuando vean a Ampolis preguntan por el camino correcto, después verán un trozo de… - Dijo mientras se alejaba por aquél túnel que cavó - ¿olor a cereza? – Preguntó Sebastián – verde… - Agregó Francesca. Los hermanos siguieron su intuición y comenzaron a caminar en línea recta. En el camino un olor llegó a sus narices – huele a…- Dijo Sebastián mientras olfateaba el ambiente – ¡cereza!... Y ¡verde! – Dijo Francesca al reconocer aquel dulce aroma – mira, preguntémosle a aquella persona – Señaló Sebastián y siguieron el camino hasta llegar donde una señora que estaba hincada y casi era tapada por completo por un enorme sombrero de seda blanca – hola, somos… - - Francesca y Sebastián, lo sé – Interrumpió la mujer – ah si… pero, ¿cómo es…?- -muy fácil muchacho, gritas mientras piensas – contestó la señora antes que Sebastián terminara su pregunta y mientras recolectaba frutos que salían de una flor algo extraña, sus pistilos eran largos y dorados y estaba rodeados por pétalos redondeados y espinosos color magenta - ¿cómo es que grito mientras…? - - puedes bajar la voz… – interrumpió nuevamente –…aquí nadie te escucha – dijo la mujer mientras seguía recolectando esos frutos color verde olivo – pero él ni siquiera… - - no su voz bucal niña, sino su voz pensante – dijo la mujer – bueno ¡basta! Queríamos saber… - si lo sé – contestó la mujer mientras recogía la canasta donde puso aquellos frutos y se ponía de pie; se quitó el enorme sombrero y dejó ver su rostro, era hermoso, parecía muñeca de porcelana, literalmente, ya que su piel era blanca como la nieve, sus mejillas rosadas y sus labios rojo carmín, su cabello era como el sol y estaba recogido con una pañoleta verde; puso el sombrero sobre el suelo y colocó la canasta en medio, después se sentó en el suelo y de esta sacó un pastel de cerezas verdes – quedo perfecto – Dijo mientras daba dos pequeños aplausos y sonreía, después sacó de la canasta un plato de plata y colocó una rebanada en el, olió el vapor que salía del pastel y le dio una pequeña y cuidadosa mordida – esta delicioso ¿por qué no lo prueban? – Dijo mientras apuntaba a sus manos, las cuales sin explicarse tenían sosteniendo un plato con una rebanada de aquel pastel – sí que huele riquísimo señora – Dijo Sebastián, abrió la boca y cuando estaba a punto de darle una mordida la señora comentó – espero hayas lavado tu mizón – - ¿mi mizón? – Preguntó – ¿Pero es qué no saben hablar? – Replicó mientras un sonido de campanas se escuchaba – Uy pero qué pronto se va el tiempo y ustedes ni siquiera saben por donde ir y son tan mal educados que no han preguntado mi nombre – Comentó la mujer mientras se ponía de pie y recogía su canasta. Los hermanos se dieron cuenta que el pastel en sus manos había desaparecido – disculpe la grosería pero con todo esto lo olvi… - es el clima – interrumpió a Francesca - ¿el clima, qué tiene que ver con nuestra falta de…? - - con estas nubes negras y los gritos del viejo aquel mis cergoñas dan frutos insípidos – agregó – pero bueno, mi nombre es Ampolis – dijo mientras se ponía nuevamente su enorme sombrero y se hincaba para seguir recolectando frutos. Un enorme trueno sacudió las plantas de la mujer a lo que con voz desesperada dijo – ¡vayan y cálmenlo de una buena vez, por el amor de Dios! Provocará que mis pasteles se inelducen – metiendo unos frutos mal cortados y de manera brusca a la canasta – pero, no sabemos cuál…- - vayan por la izquierda siempre es mejor y más rápido – interrumpió al cuestionamiento de Sebastián. Los hermanos tomaron el camino de la izquierda y siguieron su rumbo, pero un enorme muro los detuvo – ¿y ahora? – Preguntó Sebastián – pues no lo sé, no hay otro lugar por donde podamos pasar – contestó Francesca mientras inspeccionaba aquella pared de madera sólida - ¿Crees que tengamos que regresar hasta con la señora? – Preguntó Sebastián mientras se dejaba caer sobre un viejo tronco para descansar un momento – ¡pero si están más huecos que yo! – Se escuchó una voz - ¿quién dijo eso? – Preguntó Sebastián mientras giraba su cabeza para ver a todos lados – sería más fácil contestar a esa pregunta si te quitaras de encima – contestó mientras Sebastián dio un salto para levantarse de aquel tronco – vaya que así esta mucho mejor – dijo mientras movía las pocas hojas que salían de una sola rama que tenía – no pueden brincar el muro de madera, ni tampoco traspasarlo – dijo con un tono sarcástico – eso lo sabemos, tonto pedazo de árbol – contestó Sebastián con tono molesto - ¡Sebastián!, discúlpelo señor ¿podría decirnos cómo es que podemos pasar del otro lado? – Comentó Francesca - ¡claro mi niña hermosa! en el pedir está el dar – Aventó la indirecta a Sebastián – sólo debes tocar tres veces y muy fuerte – replicó - ¿eso es todo? – Preguntó Sebastián en forma de burla - ¿Qué esperabas, que viniera un hada y con sus polvos mágicos te enviara al otro lado? Eso es tan inmaduro muchacho – soltó una risa burlesca. Francesca tomo mucha fuerza y golpeó aquel muro tres veces y por un instante no pasaba nada pero de repente aquel muro comenzó a doblarse hasta formar un pequeño cubo, dejando descubierto a un hombre bajo, muy delgado con una enorme cabeza y una gran nariz, una vena saltaba en su frente y su piel era roja de todo aquel berrinche que estaba haciendo, encima se cargaba un suéter que lo cubría hasta los talones y en el cuál se veían nubes tan negras como las que en ese momento cubrían al cielo, sus manos eran pequeñas con dedos alargados, los cuales terminaban con unas uñas que más bien parecían garras; estaba sentado sobre un gigantesco caracol azul el cual sólo emitía gemidos y escondía su cabeza dejando al descubierto solamente sus ojos y alrededor de éste habían 7 monos sentados sobre arena y sin dejar de escarbar cada uno un hoyo del cual sacaban monedas de oro, una tras otra.