lunes, 16 de agosto de 2010
Capitulo 2 "El guardián engreído”
Happity Forest 1.3
martes, 27 de julio de 2010
Happity Forest 1.2
- ¡Que bueno que han llegado! – se escuchó una voz cerca de los hermanos, por lo que buscaron de donde provenía y se dieron cuenta que bajo a sus pies había una bola espinada, la cual se desenvolvió y era un puercoespín el cuál no parecía ser de gran edad, ya que sus espinoso cabellos eran suaves y sus ojos brillaban con gran ternura y dulzura – ¡vamos! El viejo los está esperando – Dijo el animalito - ¿a nosotros? – Contestó Francesca al no comprender cómo es que los esperaban si ni siquiera sabían qué hacían ahí – sí a ustedes, caminen – Dijo el puercoespín al adelantarse y marcarles el camino. Al llegar frente aquel señor el puercoespín se enrolló y se fue rodando dejando a los hermanos solos frente a él - ¿SON USTEDES? – preguntó el viejo, aunque su tono fue más como un regaño – sí, no, no sabemos – Dijo Sebastián - ¡Son ustedes! – añadió el viejo bajando el tono de voz y cambiando su humor de manera repentina, al mismo tiempo que el cielo se despejó y rayos de luz iluminaban el lugar haciendo crecer árboles color rosado y violeta; también su suéter cambió, ya que ahora se veía tecnicolor y su cabeza volvió a un color carne al mismo tiempo que encogía llegando a un tamaño pequeño; su nariz no cambió, seguía siendo enorme. – ¡tardaron años en llegar! – Comentó el viejo mientras una gran sonrisa se dibujaba en su cara – ¿llegar? ¿De dónde? – Preguntó Francesca - ¡llegar, irnos, seguir, detenernos, siempre nos hablan como si supiéramos y no sabemos nada! – Se quejó Sebastián al estar harto de todo aquel circo que se armaba en un lugar que no conocían - ¿y eso te molesta niño? ¡No tienes idea de nada, no se entonces que hacen AQUÍ! – dijo el viejo remarcando el “aquí” al mismo tiempo que su suéter creó un remolino de colores y un fuerte viento sacudió a los hermanos - ¡Nosotros tampoco lo sabemos! Y si dejaran de pretender que lo sabemos entonces podríamos saberlo, si no ¡quién sabe cómo saber algo que no sabemos! – contestó Sebastián mientras se daba cuenta del embrollo que armó con las palabras, lo que ocasionó que el viejo soltara una enorme risa, de inmediato los colores en su suéter volvieron a la calma y los vientos se calmaron. – Creo que sólo es cuestión de recordar un poco – dijo el viejo mientras bajaba del caracol y se acercaba a Sebastián, una vez frente a él le dio unos golpecitos en la cabeza – ahí dentro está la respuesta, que a caso ¿no reconocen nada de esto? – Pregunto el viejo mientras con sus manos extendidas mostraba el lugar – pues a decir verdad, no – respondió Sebastián – esto va a ser más tardado de lo que pensaba - Dijo el viejo mientras se sentaba frente a los dos – Francesca, tal vez tú recuerdes esto –comentó mientras recogía un puño de arena y lo expandía sobre el suelo creando una espiral donde se comenzaba a reflejar una pequeña niña la cual era muy parecida a Francesca y la cual cargaba un perrito de peluche, la niña estaba parada a un lado de un columpio, observándolo, y de pronto un ruiseñor se paró sobre este y comenzó a hablar con la niña por lo que Francesca se quedo azorada al ver esa escena – es… mi sueño favorito – Dijo mientras seguía observando – pues yo sigo sin entender – Dijo Sebastián ocasionando que de un suspiro el viejo desvaneciera lo que le mostraba a Francesca – Este lugar es el inicio – Dijo el viejo – ¿El inicio? – Pensó Francesca – Aquí es donde la realidad pasa a segundo plano y se vuelve subjetiva, donde no hay límite para imaginar y sobre todo, donde puede ser tu mejor nicho así como el lugar a donde no quisieras volver nunca – Agregó el viejo mientras se subía nuevamente al caracol azul - quieres decir que aquí es… esto es ¿un sueño? – Replicó Francesca a lo que hizo reaccionar a Sebastián - ¿un sueño? ¡Sí, seguro lo es! Sólo tenemos que despertar Francesca… ¿o tengo que despertar?… ¿o tienes que despertar?... no entiendo nada – Dijo Sebastián mientras se dejo caer en el suelo, junto a un mono, con las piernas cruzadas y sus codos recargados en estas sosteniendo su cara – Esto no es un sueño, niño tonto, esto es tan real como irreal, todo esto es el Mundo del Revés; mi nombre es Sué y soy el guardián de Happity Forest, el lado luz de Revés – Explicó Sué – ¿el lado luz? – Preguntó Francesca – Así es; mi hermano, Nos, es guardian de Lagoon Shadow, el lado sombra y los dos estamos en un ¡terrible aprieto! Ya que el caos ha gobernado este mundo, ha sido horrible – Dijo Sué mientras soltaba un sollozo – el universo se ha desequilibrado y si no vuelve el balance no quiero ni imaginar lo que podría pasar, por eso los mandé llamar, ustedes podrán encontrarlo y traerlo de vuelta antes que la máquina viajera se estropee y la existencia quede sin sentido – dijo Sué – pero, ¿encontrarlo? ¿A quién? – Preguntó Sebastián – Al Capitán Fhuzker du Mora, el atrapa sueños; él desapareció y es el único que puede controlar a la máquina, si nadie la controla simplemente dejará de funcionar y nadie nunca más podrá soñar de nuevo – comentó Sué con un tono preocupado y desesperado - ¿nadie podrá soñar de nuevo? – Pensó Sebastián - ¡claro! Por eso no habíamos soñado nada desde tiempo atrás – Dijo dirigiéndose a Francesca quien ya había comprendido el por qué de la ausencia de sus sueños.
lunes, 26 de julio de 2010
Happity Forest 1.1
domingo, 25 de julio de 2010
Capitulo I “Happytty Forest”
- Entre los árboles de aquel bosque corría evitando ser atrapada, de repente una rama tornasol salió del roble mayor y detuvo su paso, la pequeña liebre no tuvo opción alguna más que detenerse levantando una gran nube de polvo que cambiaba de color con los rayos de la luna, la cual desde la copa del roble se escondía y se burlaba de la desesperación de aquel animalito; al esfumarse por completo todo aquel polvo, el roble tomó a la liebre de las orejas y la levantó, abrió su boca y de un sólo bocado se la tragó; dentro del roble estaba todo oscuro, excepto por un pequeño haz de luz violeta que llegaba directo a la pupila de la liebre dilatándola. Con forme se acercaba a la fuente donde provenía la luz podía ver una pequeña ventana; al llegar a esta se asomó y vio sentado en un viejo sofá a un topo leyendo un libro de recetas; cuando la liebre alzó la mano para tocar la ventana todo se oscureció y no recuerdo qué más pasó – dijo Sebastián a Francesca mientras comía un enorme plato de cereal, - a mi me pasó algo parecido- respondió Francesa; ella es una chica de 24 años, es 11 meses mayor que Sebastián y aunque para ella el único arte está en disfrutar la vida, tiene una voz increíble, aunque solamente cante encerrada en su habitación. - ¿También soñaste con la liebre y ese bosque extraño? - preguntó Sebastián sorprendido, - ¡claro que no! Me refiero a que no recuerdo la mitad de mi sueño – contestó mientras se servía un vaso de jugo de zarzamora.
Un corte extraño en los sueños de ambos hermanos, algo sin sentido tal vez, pero lo que no esperaban es que después de ese día no volverían a soñar de nuevo. Meses después, en el jardín bebiendo una taza de té y recostados sobre el pasto verde amarelo, los hermanos buscaban formas a las nubes - ¡mira! Esa parece un alce – dijo Sebastián - ¿un alce? ¡Pero sin cuernos! – Contestó Francesca y los dos soltaron una enorme carcajada - ¿qué es eso? – Dijo Sebastián apuntando a la nariz de Francesca, - ¿qué es que? – Dijo mientras se levantaba de su lugar, - ¡tienes una abeja en tu nariz! – Dijo Sebastián haciendo que Francesca soltara un enorme grito - ¡espera, espera que te va a… picar! – Dijo Sebastián quitándole la abeja moribunda de la nariz - ¿me picó? – Pregunto Francesca, - si – dijo extrañado y tratando de quitarle el aguijón de su nariz – no me dolió – Respondió ella – espera ya casi… sale… ¡salió!, listo aquí está el aguijón – Dijo Sebastián mostrándole el diminuto aguijón en su dedo - ¡oh por Dios, tu nariz! – Gritó espantado – ¿otra abeja? – Gritó despavorida Francesca - ¡no, no, no, tu nariz es gigantesca! – dijo Sebastián mientras retrocedía y apuntaba aquella enorme nariz. La nariz de Francesca crecía como un globo aerostático color rojo y poco a poco la levantaba del suelo hasta que no resistió más y su nariz reventó haciendo un gran sonido que hizo retumbar sus oídos y una gran viento alzó las hojas que estaban en el suelo. Al caer Francesca junto a Sebastián las hojas los cubrieron.
- Francesca, ¿estás bien? – Preguntó Sebastián mientras se sacudía el polvo y se quitaba las hojas de encima, - si, estoy bien – Contestó mientras tosía y se levantaba de aquel bulto de hojas, - ¡que bueno que todos estamos bien! – Dijo mientras soltaba un suspiro de alivio - ¡vaya que eso sí fue un ventahojoso! - Replicó - ¿un “ventahojoso”, qué es eso? – dijo Sebastián mientras se ponía de pie y terminaba de sacudirse el polvo - ¡un ventahojoso!, todo mundo sabe que es un ventahojoso, es este aire que remolinea con las hojas, un viento y muchas hojas, viento, hojas, ¡ventahojoso! – Dijo – pues yo no sé que sea – contestó Francesca de pie y quitándose las últimas hojas que tenia en los brazos - ¿qué es eso? – Gritó Sebastián al alzar su mirada - ¡ya te lo expliqué, es este aire que… - contestó – no, no un ventajoso – dijo Sebastián – ventahojoso – lo corrigió - ¡como sea, me refiero a ti! ¿Qué eres? – Preguntó Sebastián mientras Francesca sin moverse veía aquello – es, es un… parece un… ¿alce? – Replicó Francesca tartamudeando - ¿un alce, dónde? – Dijo - ¡tú lo eres! – Contestó Sebastián – ¡yo lo soy!, ¿yo lo soy? Oh no, no, no soy un alce – dijo mientras soltaba una carcajada – entonces, ¿qué eres? – Preguntó Francesca – yo soy… amm… yo soy… la verdad es que nunca me lo había preguntado, sólo soy algo – contestó muy confundido al no saber cómo describirse, ya que aquello parecía un alce, pero su piel era blanca y no tenía cuernos, sus ojos eran enormes color azul, sus pesuñas eran como de un pequeño cerdito, su cola era como la de una ardilla y su tamaño era como el de un conejo, era pequeño, como un alce miniatura, pero como ya dije, no era un alce.
- ¿cómo te llamas? – Preguntó Francesca al tomarlo y ponerlo entre sus brazos, - me llamo Dozeld – Contestó con una actitud orgullosa – y, ¿ustedes quiénes son? – Preguntó – pues yo soy Francesca y él es mi hermano Sebastián – Dijo – y ¿qué hacen aquí? – Preguntó Dozeld - ¿Aquí? Pues usualmente venimos a tomar té a nuestro jardín – Dijo Sebastián muy extrañado por aquella pregunta - ¿su jardín? – Preguntó Dozeld – no, no ¡NO! ¡Este bosque no es suyo! – Contestó mientras bajaba de los brazos de Francesca algo molesto, - ¿Bosque? ¿Cuál bos….? – Dijo Sebastián al darse cuenta que estaban en medio de un tumulto de árboles, muy diferente al jardín de su casa.