jueves, 30 de diciembre de 2010

El guardián engreído 2.1

-¿Cómo cruzaremos al otro extremo? – pregunto Francesca al no ver manera de ir al otro lado - ¿De verdad no lo sabes? – preguntó Dozeld mientras de entre la arena recogía unos tréboles – ¡Esos son tréboles de cuatro hojas, pero que suerte tienes pequeña rata! – dijo Sebastián al darse cuenta de tal tiro de suerte – tu qué sabes de la suerte si no eres más que un incrédulo – contestó Dozen mientras seguía recogiendo los tréboles. Cuando juntó algunos en sus manos, se pudieron dar cuenta que además de tener cuatro hojas cambiaban de color, entonces Dozen comenzó a repartir uno a cada uno – con esto podremos pasar sin problema alguno – dijo mientras mordía el tallo del trébol que tenia en sus manos –vamos, coman el tallo de los tréboles – dijo mientras seguía masticando. Todos comieron los tallos y nada pasaba – gran idea – dijo Sebastián entre dientes y en tono de burla cuando un viento comenzaba a soplar, haciendo que la arena se fuera desvaneciendo del piso donde estaban parados, dejando ver miles de tréboles que cambiaban de color. Mientras el viento rozaba sus hojas provocando que el sonido formase una melodía; era una melodía que con el simple hecho de escucharla provocaba mover tu cuerpo y bailar, entonces los cuatro comenzaban a moverse aparentemente sin ritmo pero dejándose llevar por aquel agradable sonido, eran silbidos del viento combinados con el golpe que hacían con sus pies y con el campaneo que se escuchaba al chocar hoja con hoja; el viento cada vez era más fuerte y ellos cada vez se sentían más ligeros, como si sus pies dejaran de tocar el suelo y como si flotaran sobre aquella enorme cama de tréboles; sus sentidos se agudizaban y podía escuchar cómo un “poom…poom” cada vez era más fuerte. A lo lejos se podía ver una nube de tierra que se acercaba a ellos – ¡aquí vienen! – dijo Dozeld al momento que todos volteaban para ver que esa nube de tierra era una manada de seres extraños, eran como enormes antílopes rayados como cebras pero color púrpura con cuernos medianos que destellaban como si estuvieran hechos de estrellas; sus patas eran tan largas que los hacia ver más altos de lo que eran, tal vez estas median 5 metros y eran tan delgadas que parecían torpes al caminar; venían corriendo hacía ellos provocando un gran viento que comenzaba a sacudir a todos los tréboles – Tomen las cuatro hojas de su trébol y sujétenlas como si fueran sombrillas, ellos harán el resto – dijo Dozeld. Todos tomaron su trébol con una mano como si fuera sombrilla y el viento creo una explosión en las hojas; polvo brillante salió de estos, como si fuera un polvo hecho de diamantes molidos y fue entonces cuando su tamaño se incremento, esas pequeñas hojas ahora eran tan grandes que fácilmente podían llevarlos por el viento que golpeaba su interior, tal como una sombrilla que te arrastra por el viento fuerte. Todos comenzaron a elevarse y a avanzar; el suelo se alejaba y estaban sobrevolando aquel precipicio sin fondo. Al pasar del otro lado las hojas volvieron a su tamaño normal haciendo que cayeran al suelo de golpe seco. Al momento de caer era como aterrizar en un tumulto de plumas, ese suelo era suave como un enorme algodón lo que provocó la risa de todos. - ¿De qué reirán? – se escuchó un murmullo – Supongo que están desquiciados – decía en voz baja - ¡No digas tonterías, aquí el único desquiciado es el viejo! – susurró mientras reían en voz baja - ¡dejen de decir incoherencias, que no ven que son los niños! – dijo con voz muy baja para no causar curiosidad -¿Escucharon eso? – Dijo Sebastián mientras callaba a los demás - ¿Qué cosa? – pregunto Woo al poner atención y no escuchar más que los crujidos de los árboles que los rodeaban – Creo que ya estás perdiendo la razón – Dijo Dozeld – supongo que sí – contestó Sebastián algo preocupado – pues si es así ya lo estás entendiendo – contestó Dozeld al sentirse feliz porque Sebastián ya estaba comprendiendo que en ese lugar cualquier cosa podía pasar.

Se pusieron de pie para seguir su camino y se adentraron al bosque de árboles redondos. Al adentrarse podían sentir cómo alguien o algo los observaba, a veces sentían que los veían de lejos y otras veces muy de cerca, al llegar al centro del bosque notaron que se formaba un triángulo formado sólo de tierra, no había nada sobre ese triangulo, entonces se detuvieron para pensar qué camino tomar. Francesca pudo notar que en cada punta del triangulo formado había un enorme árbol de tronco muy grueso, eran diferentes a todos los demás árboles que habían en el bosque. Ese lugar era muy tranquilo y les provocaba un sentimiento de paz – creo que ya pronto anochecerá – dijo Dozeld al ver que el cielo se iba tornando negro – Sí, creo es mejor que descansemos un poco y mañana en cuanto Minze prenda la luz volvemos a nuestro camino – dijo mientras se recostaba en el suelo preparándose para dormir - ¿Quién es Minze? – pregunto Francesca – Minze es el iluminador del día, ¿o de verdad crees que el Sol queda prendido aún de noche? – Dijo Woo mientras se recostaba junto con Dozeld. Francesca sólo vio a Sebastián y evitó seguir preguntando, así que los dos se rejuntaron con Dozeld y Woo para poder dormir un poco.

- ¿Crees que estén dormidos? – preguntó – ¡Que si lo están, ve nada más el ruido que hacen! – dijo el otro mientras se disgustaba por tal escándalo - ¡Cállense viejos testarudos, les he dicho que son los niños! – contestó el más viejo - pues para mi no son más que ¡intrusos! – dijo en voz alta - ¡los despertarás, baja la voz! – respondió - ¡Cómo quieres que baje la voz si son INTRUSOS! Vienen a terminar con nuestro bosque, ¡Te lo he dicho antes! llegó el día en que nos encontramos con el fin, y ustedes que no me hacen caso, ¡deben irse de nuestro bosque! ¡intrusos! – gritaba mientras se disturbaba por la presencia de Francesca y Sebastián - ¡QUE TE CALLES! – gritó tan fuerte que los árboles de alrededor se encogían con temor metiéndose debajo de la tierra y dejando todo un llano desolado, lo que provocó que los cuatro despertaran algo asustados por aquel enorme estruendo. Al ver que no había nada más que el triángulo de tierra y los tres árboles Sebastián se asusto tanto que gritaba de manera tal que los tres árboles soltaron tremenda carcajada. Al ver que los árboles reían Francesca y Sebastián corrieron tras Woo para esconderse junto con Dozeld. – No se asusten, disculpen mi manera de despertarlos pero este viejo es un patán – se disculpó el árbol central que era el más viejo de los tres – mi nombre es Khe, él es Medis y aquel viejo rabioso es Puno, somos la trinidad del cosmos – se presentó – Nosotros somos - - Francesca… Sebastián… Woo… y aquel pequeño debe ser Dozeld – interrumpió Khe mientras iba señalando a cada uno como si ya los conociera - ¿Cómo sabes quienes somos? – Pregunto Dozeld un poco temeroso - ¿Qué parte de ‘la trinidad del cosmos’ no te quedo claro pequeño amiguito? – contestó Puno en forma de sarcasmo lo que ocasionó que Dozeld ya no hiciera más preguntas – Discúlpenlo, desde que el atrapa sueños dejó a la máquina viajera todo mundo está vuelto loco – dijo Medis para tranquilizar un poco aquel ambiente de tensión -

lunes, 16 de agosto de 2010

Capitulo 2 "El guardián engreído”

Los tres caminaban y se iban alejando poco a poco de aquel lugar donde se encontraba Sué - ¿entonces te llamas Woozen? – Preguntó Sebastián al no recordar muy bien su nombre – No, mi nombre es Wooldern, pero solamente llámenme Woo – Contestó mientras seguían caminando – ¿y eres un guerrero? – Preguntó Sebastián – Si, pertenezco a una generación de guerreros – contestó ya un poco irritado – ¿Y aquí hay guerras? – Preguntó nuevamente – Sí, desde la existencia de la nada se ha discutido el poder entre la luz y la oscuridad – contestó aún más irritado - ¿Desde la exis…? - No concluyó Sebastián al ver que Francesca movía su cabeza en desacuerdo, por lo que un silencio envolvió a los tres. Siguieron su camino hasta llegar a un punto donde toda vegetación se había ido, sólo había arena muy fina color negra, como si fuera un desierto, pero el clima era muy agradable, ni calor ni frio, el viento soplaba y creaba oleajes en la arena, -¿qué es este lugar? – pregunto Francesca al ver que aunque no había más que arena era hermoso y tranquilo – Esto es El minutero del Vacío, aquí es de donde parte lo que ustedes conocen como el tiempo, cada grano de esta arena negra es un segundo transcurrido de la existencia de la mente – Explicó a los hermanos mientras ellos simplemente observaban anonadados – pero bueno, sigamos el camino que tenemos que cruzar antes que comience otra vez – dijo Woo adelantándose unos pasos. Al poner un pie sobre la arena sintieron algo extraño, ya que la sensación al pisarla era como si caminaras sobre agua, pero sin hundirte. Al llevar camino recorrido se escuchó un enorme estruendo que hizo parar a Woo - ¡Rápido! Agárrense de mí – dijo mientras con su largo pelaje los cubría y se encorvaba para proteger a los hermanos. Pronto, fortísimos vientos comenzaban a rodearlos, como si vinieran miles de tornados hacia ellos; la arena se alzaba y comenzaba a formar un remolino en el cielo con los tres en medio; de repente todo se calmó, no se escuchaba más que la respiración agitada de los tres, el cielo era completamente negro y el suelo donde ellos pisaban era color blanco. Woo tomó fuertemente a los hermanos y cerró sus ojos cuando sin más ni más cayeron de golpe ya que ahora el cielo era el suelo y el suelo era el cielo, había cambiado de lugar. Al caer, provocaron que la arena se moviera como una ola y los llevara de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, una y otra vez haciendo que Francesca se mareara. La arena nuevamente se tranquilizó - ¿Qué fue eso? – Preguntó Francesca mientras tomaba aire para calmar su mareo – Vaya que desde que desapareció el atrapa sueños estas lagunas temporales son más agresivas – comentó Woo mientras veía el horizonte para ubicar el punto en el que estaban – Ahora, ¿hacia dónde debemos seguir? – Preguntó Sebastián mientras también veía al horizonte – Esto no tomará más que unos segundos… - Dijo Woo esperando – Listo, ahí está – Dijo apuntando a un pequeño agujero que apenas si se percibía desde donde estaban ellos - ¿Ahí está qué? – Preguntó Francesca al no ver nada – No seas impaciente, es muy difícil construir túneles en este tipo de arenas – comentó Woo mientras seguía observando - ¿túneles? – preguntó Sebastián mientras medio cerraba sus ojos para ver si a lo lejos podía ver algo y efectivamente pudo notar que se iba formando una línea de arena y que iba acercándose a ellos. Al llegar hasta donde estaban los tres, de un tumulto de tierra que se formó salió Dozeld - ¡Dozeld! – Dijo Francesca con admiración y alegría – ¡Niña y Niño! – Respondió igualmente alegrado de verlos - ¡Vamos, tenemos que seguir porque no queremos otra laguna temporal ¿cierto? – Comentó Dozeld mientras comenzó a caminar en sentido contrario a ellos - No creo que sea por ese lado, de allá venimos – Dijo Sebastián al no estar seguro que aquel fuera el camino correcto – No, yo digo que es por acá y es por acá – respondió Dozeld – Pero por allá venimos, entonces vamos a regresar – Argumentó Sebastián mientras Woo y Francesca sólo veían como comenzaban a discutir - ¡Te digo que no niño! ¿Cómo te atreves a dudar de mi sentido de orientación, a caso te comieron la lengua los castores? - ¡Ratones! – Corrigió Sebastián - ¡Ratones, castores, ambos son roedores y huelen mal! – Dijo Dozeld ya molesto por las contradicciones de Sebastián – ¡Además no tiene sentido esa frase con tu orientación! – Agregó Sebastián - ¡¿Ahora me hablas de sentido?! ¡El único con sentido soy yo, y mi sentido me dice que es por allá! – Gritó Dozeld mientras señalaba hacía el camino a espaldas de Sebastián - ¡¡¡Basta!!! – Gritaron al mismo tiempo Francesca y Woo al ver que su pelea no los llevaba a ningún lado – Sigamos el camino que dice Dozeld, el conoce mejor el lugar que ninguno – Dijo Woo mientras se adelantaba para comenzar a caminar – Pero… ¡está bien! Pero si regresamos a donde mismo habrá rata asada – comentó mientras veía con ojos retadores a Dozeld – ¡Sebastián! – Dijo Francesca en tono de regaño para aplacarlo. Los cuatro siguieron el nuevo camino que había marcado Dozeld y al poco tiempo llegaron al borde donde había un precipicio, tan profundo que no se veía el fondo y el cual separaba el suelo. Del otro lado se podía ver un pequeño bosque con árboles de tronco liso y ramajes completamente redondos; eran de varios tamaños y colores y si ponían atención se podía escuchar una melodía a lo lejos.

Happity Forest 1.3

– ¿y cómo hacemos para encontrarlo? – Preguntó Francesca mientras Sebastián veía al mono sacar y sacar monedas de aquel hoyo en la arena, estiró su mano para tomar una de esas monedas – yo no haría eso si fuera tú – Dijo una llama gigante, color negra, de pelo largo, ojos brillantes y blancos, como si fuesen de diamante y un extraño símbolo rojo tatuado en su frente que estaba echada cerca de él, provocando que de inmediato alejara su mano de las monedas del mono – es muy difícil tranquilizarlos, esta es la única manera de tenerlos ocupados, no sabes lo agresivos que son – agregó la llama, Sebastián sin decir una palabra solamente sonrió y siguió poniendo atención a lo que Sué decía – cuando desapareció no dejó más que una nota tallada en un árbol que decía: “¿SERÉ BUENO PARA TREPAR POR LA PARED? ¿O PARA CAER SIN RED? ¿SERÉ BUENO PARA DANZAR SIN CAER? ¿O DESAPARECER EN UN, DOS POR TRES? MIENTRAS LO DESCUBRO ESTARÉ EN MI MUNDO DONDE ARRIBA ES ABAJO Y EL TIEMPO ES CONGELADO... INVISIBLE... INTANGIBLE... SUCEPTIBLE... PREDECIBLE... A MIS PIES Y A TRAVÉS” – Dijo dejándolos aún más confundidos - ¿eso es entonces una pista? – preguntó Sebastián al no comprender una sola palabra de lo que mencionó Sué – Pista, código, jugarreta, como quieras llamarlo, lo que sí es que necesitamos encontrar al Capitán lo antes posible – comentó a los hermanos – pero no los dejaré solos, siempre estará acompañándolos Wooldern – Agregó mientras aquella llama que descansaba cerca de los monos se ponía de pie y se acercaba a ellos – Él es mi fiel guerrero y protector; los ayudará en la búsqueda del Capitán y los protegerá de todo peligro – Dijo Sué presentando a aquel animal - ¿peligro? – preguntó Francesca con un tono preocupado – No se preocupen por esta parte, sólo recuerden que su mente puede ser su mejor aliado como su peor enemigo, nada de aquí es lo que parece y todo aparece de la nada – Aconsejó mientras su enorme suéter se coloreaba de un naranja claro y todo aquel paisaje reverdecía con flores tan extrañas pero hermosas a la vez, árboles retorcidos y con aroma en sus rocíos y sobre todo arbustos que murmuraban y reían silenciosos.

martes, 27 de julio de 2010

Happity Forest 1.2

- ¡Que bueno que han llegado! – se escuchó una voz cerca de los hermanos, por lo que buscaron de donde provenía y se dieron cuenta que bajo a sus pies había una bola espinada, la cual se desenvolvió y era un puercoespín el cuál no parecía ser de gran edad, ya que sus espinoso cabellos eran suaves y sus ojos brillaban con gran ternura y dulzura – ¡vamos! El viejo los está esperando – Dijo el animalito - ¿a nosotros? – Contestó Francesca al no comprender cómo es que los esperaban si ni siquiera sabían qué hacían ahí – sí a ustedes, caminen – Dijo el puercoespín al adelantarse y marcarles el camino. Al llegar frente aquel señor el puercoespín se enrolló y se fue rodando dejando a los hermanos solos frente a él - ¿SON USTEDES? – preguntó el viejo, aunque su tono fue más como un regaño – sí, no, no sabemos – Dijo Sebastián - ¡Son ustedes! – añadió el viejo bajando el tono de voz y cambiando su humor de manera repentina, al mismo tiempo que el cielo se despejó y rayos de luz iluminaban el lugar haciendo crecer árboles color rosado y violeta; también su suéter cambió, ya que ahora se veía tecnicolor y su cabeza volvió a un color carne al mismo tiempo que encogía llegando a un tamaño pequeño; su nariz no cambió, seguía siendo enorme. – ¡tardaron años en llegar! – Comentó el viejo mientras una gran sonrisa se dibujaba en su cara – ¿llegar? ¿De dónde? – Preguntó Francesca - ¡llegar, irnos, seguir, detenernos, siempre nos hablan como si supiéramos y no sabemos nada! – Se quejó Sebastián al estar harto de todo aquel circo que se armaba en un lugar que no conocían - ¿y eso te molesta niño? ¡No tienes idea de nada, no se entonces que hacen AQUÍ! – dijo el viejo remarcando el “aquí” al mismo tiempo que su suéter creó un remolino de colores y un fuerte viento sacudió a los hermanos - ¡Nosotros tampoco lo sabemos! Y si dejaran de pretender que lo sabemos entonces podríamos saberlo, si no ¡quién sabe cómo saber algo que no sabemos! – contestó Sebastián mientras se daba cuenta del embrollo que armó con las palabras, lo que ocasionó que el viejo soltara una enorme risa, de inmediato los colores en su suéter volvieron a la calma y los vientos se calmaron. – Creo que sólo es cuestión de recordar un poco – dijo el viejo mientras bajaba del caracol y se acercaba a Sebastián, una vez frente a él le dio unos golpecitos en la cabeza – ahí dentro está la respuesta, que a caso ¿no reconocen nada de esto? – Pregunto el viejo mientras con sus manos extendidas mostraba el lugar – pues a decir verdad, no – respondió Sebastián – esto va a ser más tardado de lo que pensaba - Dijo el viejo mientras se sentaba frente a los dos – Francesca, tal vez tú recuerdes esto –comentó mientras recogía un puño de arena y lo expandía sobre el suelo creando una espiral donde se comenzaba a reflejar una pequeña niña la cual era muy parecida a Francesca y la cual cargaba un perrito de peluche, la niña estaba parada a un lado de un columpio, observándolo, y de pronto un ruiseñor se paró sobre este y comenzó a hablar con la niña por lo que Francesca se quedo azorada al ver esa escena – es… mi sueño favorito – Dijo mientras seguía observando – pues yo sigo sin entender – Dijo Sebastián ocasionando que de un suspiro el viejo desvaneciera lo que le mostraba a Francesca – Este lugar es el inicio – Dijo el viejo – ¿El inicio? – Pensó Francesca – Aquí es donde la realidad pasa a segundo plano y se vuelve subjetiva, donde no hay límite para imaginar y sobre todo, donde puede ser tu mejor nicho así como el lugar a donde no quisieras volver nunca – Agregó el viejo mientras se subía nuevamente al caracol azul - quieres decir que aquí es… esto es ¿un sueño? – Replicó Francesca a lo que hizo reaccionar a Sebastián - ¿un sueño? ¡Sí, seguro lo es! Sólo tenemos que despertar Francesca… ¿o tengo que despertar?… ¿o tienes que despertar?... no entiendo nada – Dijo Sebastián mientras se dejo caer en el suelo, junto a un mono, con las piernas cruzadas y sus codos recargados en estas sosteniendo su cara – Esto no es un sueño, niño tonto, esto es tan real como irreal, todo esto es el Mundo del Revés; mi nombre es Sué y soy el guardián de Happity Forest, el lado luz de Revés – Explicó Sué – ¿el lado luz? – Preguntó Francesca – Así es; mi hermano, Nos, es guardian de Lagoon Shadow, el lado sombra y los dos estamos en un ¡terrible aprieto! Ya que el caos ha gobernado este mundo, ha sido horrible – Dijo Sué mientras soltaba un sollozo – el universo se ha desequilibrado y si no vuelve el balance no quiero ni imaginar lo que podría pasar, por eso los mandé llamar, ustedes podrán encontrarlo y traerlo de vuelta antes que la máquina viajera se estropee y la existencia quede sin sentido – dijo Sué – pero, ¿encontrarlo? ¿A quién? – Preguntó Sebastián – Al Capitán Fhuzker du Mora, el atrapa sueños; él desapareció y es el único que puede controlar a la máquina, si nadie la controla simplemente dejará de funcionar y nadie nunca más podrá soñar de nuevo – comentó Sué con un tono preocupado y desesperado - ¿nadie podrá soñar de nuevo? – Pensó Sebastián - ¡claro! Por eso no habíamos soñado nada desde tiempo atrás – Dijo dirigiéndose a Francesca quien ya había comprendido el por qué de la ausencia de sus sueños.

lunes, 26 de julio de 2010

Happity Forest 1.1

Aquellos arboles eran enormes y color rojo, al igual que el pasto donde estaban parados, pero este ambiente cambió de color de un momento a otro, de repente los arboles comenzaron a encogerse y a marchitarse, en el cielo se formaban nubes negras y un enorme grito rodeaba a los tres - ¡TE DIJE AHORA MISMO! – Se escuchó haciendo temblar a Dozeld y escondiéndose detrás de Francesca - ¿Qué fue eso? – Preguntó Francesca mientras se giraba para estar frente a Dozeld – ¡está… molesto! – Dijo mientras cavaba un hoyo y se metía en el - ¡AHORAAA!- Se escuchó otro grito más que hizo retumbar las nubes provocando un enorme trueno – ¡vayan y tranquilícenlo por favor! – Pidió Dozeld con un tono aterrorizado – ¿Nosotros? ¿Y cómo llegamos a él? – Preguntó Sebastián – sigan el olor a cereza verde, cuando vean a Ampolis preguntan por el camino correcto, después verán un trozo de… - Dijo mientras se alejaba por aquél túnel que cavó - ¿olor a cereza? – Preguntó Sebastián – verde… - Agregó Francesca. Los hermanos siguieron su intuición y comenzaron a caminar en línea recta. En el camino un olor llegó a sus narices – huele a…- Dijo Sebastián mientras olfateaba el ambiente – ¡cereza!... Y ¡verde! – Dijo Francesca al reconocer aquel dulce aroma – mira, preguntémosle a aquella persona – Señaló Sebastián y siguieron el camino hasta llegar donde una señora que estaba hincada y casi era tapada por completo por un enorme sombrero de seda blanca – hola, somos… - - Francesca y Sebastián, lo sé – Interrumpió la mujer – ah si… pero, ¿cómo es…?- -muy fácil muchacho, gritas mientras piensas – contestó la señora antes que Sebastián terminara su pregunta y mientras recolectaba frutos que salían de una flor algo extraña, sus pistilos eran largos y dorados y estaba rodeados por pétalos redondeados y espinosos color magenta - ¿cómo es que grito mientras…? - - puedes bajar la voz… – interrumpió nuevamente –…aquí nadie te escucha – dijo la mujer mientras seguía recolectando esos frutos color verde olivo – pero él ni siquiera… - - no su voz bucal niña, sino su voz pensante – dijo la mujer – bueno ¡basta! Queríamos saber… - si lo sé – contestó la mujer mientras recogía la canasta donde puso aquellos frutos y se ponía de pie; se quitó el enorme sombrero y dejó ver su rostro, era hermoso, parecía muñeca de porcelana, literalmente, ya que su piel era blanca como la nieve, sus mejillas rosadas y sus labios rojo carmín, su cabello era como el sol y estaba recogido con una pañoleta verde; puso el sombrero sobre el suelo y colocó la canasta en medio, después se sentó en el suelo y de esta sacó un pastel de cerezas verdes – quedo perfecto – Dijo mientras daba dos pequeños aplausos y sonreía, después sacó de la canasta un plato de plata y colocó una rebanada en el, olió el vapor que salía del pastel y le dio una pequeña y cuidadosa mordida – esta delicioso ¿por qué no lo prueban? – Dijo mientras apuntaba a sus manos, las cuales sin explicarse tenían sosteniendo un plato con una rebanada de aquel pastel – sí que huele riquísimo señora – Dijo Sebastián, abrió la boca y cuando estaba a punto de darle una mordida la señora comentó – espero hayas lavado tu mizón – - ¿mi mizón? – Preguntó – ¿Pero es qué no saben hablar? – Replicó mientras un sonido de campanas se escuchaba – Uy pero qué pronto se va el tiempo y ustedes ni siquiera saben por donde ir y son tan mal educados que no han preguntado mi nombre – Comentó la mujer mientras se ponía de pie y recogía su canasta. Los hermanos se dieron cuenta que el pastel en sus manos había desaparecido – disculpe la grosería pero con todo esto lo olvi… - es el clima – interrumpió a Francesca - ¿el clima, qué tiene que ver con nuestra falta de…? - - con estas nubes negras y los gritos del viejo aquel mis cergoñas dan frutos insípidos – agregó – pero bueno, mi nombre es Ampolis – dijo mientras se ponía nuevamente su enorme sombrero y se hincaba para seguir recolectando frutos. Un enorme trueno sacudió las plantas de la mujer a lo que con voz desesperada dijo – ¡vayan y cálmenlo de una buena vez, por el amor de Dios! Provocará que mis pasteles se inelducen – metiendo unos frutos mal cortados y de manera brusca a la canasta – pero, no sabemos cuál…- - vayan por la izquierda siempre es mejor y más rápido – interrumpió al cuestionamiento de Sebastián. Los hermanos tomaron el camino de la izquierda y siguieron su rumbo, pero un enorme muro los detuvo – ¿y ahora? – Preguntó Sebastián – pues no lo sé, no hay otro lugar por donde podamos pasar – contestó Francesca mientras inspeccionaba aquella pared de madera sólida - ¿Crees que tengamos que regresar hasta con la señora? – Preguntó Sebastián mientras se dejaba caer sobre un viejo tronco para descansar un momento – ¡pero si están más huecos que yo! – Se escuchó una voz - ¿quién dijo eso? – Preguntó Sebastián mientras giraba su cabeza para ver a todos lados – sería más fácil contestar a esa pregunta si te quitaras de encima – contestó mientras Sebastián dio un salto para levantarse de aquel tronco – vaya que así esta mucho mejor – dijo mientras movía las pocas hojas que salían de una sola rama que tenía – no pueden brincar el muro de madera, ni tampoco traspasarlo – dijo con un tono sarcástico – eso lo sabemos, tonto pedazo de árbol – contestó Sebastián con tono molesto - ¡Sebastián!, discúlpelo señor ¿podría decirnos cómo es que podemos pasar del otro lado? – Comentó Francesca - ¡claro mi niña hermosa! en el pedir está el dar – Aventó la indirecta a Sebastián – sólo debes tocar tres veces y muy fuerte – replicó - ¿eso es todo? – Preguntó Sebastián en forma de burla - ¿Qué esperabas, que viniera un hada y con sus polvos mágicos te enviara al otro lado? Eso es tan inmaduro muchacho – soltó una risa burlesca. Francesca tomo mucha fuerza y golpeó aquel muro tres veces y por un instante no pasaba nada pero de repente aquel muro comenzó a doblarse hasta formar un pequeño cubo, dejando descubierto a un hombre bajo, muy delgado con una enorme cabeza y una gran nariz, una vena saltaba en su frente y su piel era roja de todo aquel berrinche que estaba haciendo, encima se cargaba un suéter que lo cubría hasta los talones y en el cuál se veían nubes tan negras como las que en ese momento cubrían al cielo, sus manos eran pequeñas con dedos alargados, los cuales terminaban con unas uñas que más bien parecían garras; estaba sentado sobre un gigantesco caracol azul el cual sólo emitía gemidos y escondía su cabeza dejando al descubierto solamente sus ojos y alrededor de éste habían 7 monos sentados sobre arena y sin dejar de escarbar cada uno un hoyo del cual sacaban monedas de oro, una tras otra.

domingo, 25 de julio de 2010

Capitulo I “Happytty Forest”

Si bien esta historia es sobre dos hermanos típicos y comunes, ésta es completamente atípica. Todo comenzó dentro de la torcida y trastornada mente de Sebastián; un joven de 23 años quién siempre desarrolló un gusto por el dibujo y la ilustración, aunque nunca se le dio el don, sin embargo descubrió su sensibilidad en la fotografía después de tomar sus primeras fotos con una vieja cámara cuando tenía 19.

- Entre los árboles de aquel bosque corría evitando ser atrapada, de repente una rama tornasol salió del roble mayor y detuvo su paso, la pequeña liebre no tuvo opción alguna más que detenerse levantando una gran nube de polvo que cambiaba de color con los rayos de la luna, la cual desde la copa del roble se escondía y se burlaba de la desesperación de aquel animalito; al esfumarse por completo todo aquel polvo, el roble tomó a la liebre de las orejas y la levantó, abrió su boca y de un sólo bocado se la tragó; dentro del roble estaba todo oscuro, excepto por un pequeño haz de luz violeta que llegaba directo a la pupila de la liebre dilatándola. Con forme se acercaba a la fuente donde provenía la luz podía ver una pequeña ventana; al llegar a esta se asomó y vio sentado en un viejo sofá a un topo leyendo un libro de recetas; cuando la liebre alzó la mano para tocar la ventana todo se oscureció y no recuerdo qué más pasó – dijo Sebastián a Francesca mientras comía un enorme plato de cereal, - a mi me pasó algo parecido- respondió Francesa; ella es una chica de 24 años, es 11 meses mayor que Sebastián y aunque para ella el único arte está en disfrutar la vida, tiene una voz increíble, aunque solamente cante encerrada en su habitación. - ¿También soñaste con la liebre y ese bosque extraño? - preguntó Sebastián sorprendido, - ¡claro que no! Me refiero a que no recuerdo la mitad de mi sueño – contestó mientras se servía un vaso de jugo de zarzamora.

Un corte extraño en los sueños de ambos hermanos, algo sin sentido tal vez, pero lo que no esperaban es que después de ese día no volverían a soñar de nuevo. Meses después, en el jardín bebiendo una taza de té y recostados sobre el pasto verde amarelo, los hermanos buscaban formas a las nubes - ¡mira! Esa parece un alce – dijo Sebastián - ¿un alce? ¡Pero sin cuernos! – Contestó Francesca y los dos soltaron una enorme carcajada - ¿qué es eso? – Dijo Sebastián apuntando a la nariz de Francesca, - ¿qué es que? – Dijo mientras se levantaba de su lugar, - ¡tienes una abeja en tu nariz! – Dijo Sebastián haciendo que Francesca soltara un enorme grito - ¡espera, espera que te va a… picar! – Dijo Sebastián quitándole la abeja moribunda de la nariz - ¿me picó? – Pregunto Francesca, - si – dijo extrañado y tratando de quitarle el aguijón de su nariz – no me dolió – Respondió ella – espera ya casi… sale… ¡salió!, listo aquí está el aguijón – Dijo Sebastián mostrándole el diminuto aguijón en su dedo - ¡oh por Dios, tu nariz! – Gritó espantado – ¿otra abeja? – Gritó despavorida Francesca - ¡no, no, no, tu nariz es gigantesca! – dijo Sebastián mientras retrocedía y apuntaba aquella enorme nariz. La nariz de Francesca crecía como un globo aerostático color rojo y poco a poco la levantaba del suelo hasta que no resistió más y su nariz reventó haciendo un gran sonido que hizo retumbar sus oídos y una gran viento alzó las hojas que estaban en el suelo. Al caer Francesca junto a Sebastián las hojas los cubrieron.
- Francesca, ¿estás bien? – Preguntó Sebastián mientras se sacudía el polvo y se quitaba las hojas de encima, - si, estoy bien – Contestó mientras tosía y se levantaba de aquel bulto de hojas, - ¡que bueno que todos estamos bien! – Dijo mientras soltaba un suspiro de alivio - ¡vaya que eso sí fue un ventahojoso! - Replicó - ¿un “ventahojoso”, qué es eso? – dijo Sebastián mientras se ponía de pie y terminaba de sacudirse el polvo - ¡un ventahojoso!, todo mundo sabe que es un ventahojoso, es este aire que remolinea con las hojas, un viento y muchas hojas, viento, hojas, ¡ventahojoso! – Dijo – pues yo no sé que sea – contestó Francesca de pie y quitándose las últimas hojas que tenia en los brazos - ¿qué es eso? – Gritó Sebastián al alzar su mirada - ¡ya te lo expliqué, es este aire que… - contestó – no, no un ventajoso – dijo Sebastián – ventahojoso – lo corrigió - ¡como sea, me refiero a ti! ¿Qué eres? – Preguntó Sebastián mientras Francesca sin moverse veía aquello – es, es un… parece un… ¿alce? – Replicó Francesca tartamudeando - ¿un alce, dónde? – Dijo - ¡tú lo eres! – Contestó Sebastián – ¡yo lo soy!, ¿yo lo soy? Oh no, no, no soy un alce – dijo mientras soltaba una carcajada – entonces, ¿qué eres? – Preguntó Francesca – yo soy… amm… yo soy… la verdad es que nunca me lo había preguntado, sólo soy algo – contestó muy confundido al no saber cómo describirse, ya que aquello parecía un alce, pero su piel era blanca y no tenía cuernos, sus ojos eran enormes color azul, sus pesuñas eran como de un pequeño cerdito, su cola era como la de una ardilla y su tamaño era como el de un conejo, era pequeño, como un alce miniatura, pero como ya dije, no era un alce.

- ¿cómo te llamas? – Preguntó Francesca al tomarlo y ponerlo entre sus brazos, - me llamo Dozeld – Contestó con una actitud orgullosa – y, ¿ustedes quiénes son? – Preguntó – pues yo soy Francesca y él es mi hermano Sebastián – Dijo – y ¿qué hacen aquí? – Preguntó Dozeld - ¿Aquí? Pues usualmente venimos a tomar té a nuestro jardín – Dijo Sebastián muy extrañado por aquella pregunta - ¿su jardín? – Preguntó Dozeld – no, no ¡NO! ¡Este bosque no es suyo! – Contestó mientras bajaba de los brazos de Francesca algo molesto, - ¿Bosque? ¿Cuál bos….? – Dijo Sebastián al darse cuenta que estaban en medio de un tumulto de árboles, muy diferente al jardín de su casa.